Archive for the ‘Agricultura’ Category

Hay empresas que trabajan en serio por el mantenimiento apropiado del Ambiente. Debemos aprender a diferenciar, porque las empresas son suceptibles a PREMIOS y CASTIGOS. Consumamos sólo donde se respeta el ambiente. No para todo este sistema es realizable.

Domingo, diciembre 13, 2009

Hay empresas que no tienen remedio. Son dirigidas por directorios de inescrupulosos que prefieren disimular sus contaminanciones antes que buscar evitarlas. Para eso desinforman, dicen que no contaminan, presentan resultados de análisis que cumplen en apariencia las normas hechos por laboratorios certificados, muestran los estudios de evaluación de impacto ambiental pero no los cumplen, o tienen evaluaciones fraguadas, por lo que dicen que cumplen con las normas, que están conforme a ley, etc. Pero la verdad es otra.

Fallan fiscales, jueces, funcionarios, entes controladores, inspectores, municipios, antros ambientales oficiales, medios de comunicación, periodistas, abogados, personas físicas denunciantes, ONGs organizadas que vayan al frente con denuncias que puedan prosperar: la realidad está a la vista. Deberían organizarse mejor las ONGs, para poder ejercer un control directo del ambiente, técnicamente, con el equipamiento necesario para las mediciones de precisión que permitan controlar la calidad de los emisarios, de los efluentes líquidos y gaseosos. Y aceitarse las formas de proceder con la justicia que exija el cumplimiento real de las normas estipuladas.

Caca y residuos industriales se arrojan hoy en todos los cursos de agua, ríos, arroyos, lagunas, lagos, pantanos, humedales, napas. Al contaminarse todo no hay seguridad en el agua de suministro, y se requiere la provisión oligopólica de empresas privadas que presentan precios inaccesibles para la mayoría.

Mientras siguen las emanaciones gaseosas de la basura que fue enterrada por años. Continúan saliendo al ambiente sin usar, los gases del trabajo realizado por el CEAMSE, que son de efecto invernadero.

No se realizan las plantas de tratamiento cloacal previamente al vuelco, contaminando los cursos de agua que deberían mantederse aptos para potabilizar, y su población ictícola, que debería ser fuente de proteínas alimenticia sin contaminar.

Filatina sigue presentando esta clase de denuncias mediáticas, porque las entrevistas solicitadas reiteradamente con el Ministro DeVido, el Secretario de Minería  así como con la presidente Cristina Fernández de Kirchner, en más de dos años hasta el presente no fueron concedidos, ni las cartas respondidas, ni los problemas se encuentran en camino de ser resueltos, ni atendidos ni menos solucionados.

Entre los motivos solicitados para las entrevistas, se encuentran el tema de la trata de personas, el tráfico de drogas, la corrupción oficial, la impunidad, las cadenmas de complicidades que involucran a los más altos funcionarios, la contaminación ambiental, la defensa de los cursos de agua, el negociado de la basura en casi todos los municipios y provincias, el posible negociado del monto del presupuesto destinado a ACUMAR 12 veces mayor que lo que nos estafó María Julia en 1000 días, la falta de tratamientos apropiados para los RSU y los efluentes cloacales y las propuestas concretas de FILATINA para solucionar esos acuciantes problemas ambientales.

*********************************************************

Anuncios

SOJA, CAMBIO DE USO DEL SUELO, ESPECIES DISMINUYENDO LA BIODIVERSIDAD, CAMBIO CLIMÁTICO, RECURSOS NATURALES, DEPÓSITOS DE CO2.

Miércoles, febrero 11, 2009
ARGENTINA
La tasa de deforestación en Argentina es seis veces mayor que el promedio mundial.
Por Sibila Camps de Diario Clarin
En cuatro años, el desmonte de bosques nativos creció casi el 42%
• La tala arrasó con más de 1 millón de hectáreas, la mayoría ahora con soja.
• Se pierde un promedio de 821 hectáreas de bosques por día, 34 hectáreas por hora.
 

A contrapelo de las exhortaciones de científicos y ambientalistas, en la Argentina se desmontan cada vez más bosques, y a mayor velocidad: entre 2002 y 2006, la deforestación creció casi un 42% respecto del período que va de 1998 a 2002.
Los datos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación son preliminares, y aún no incluyen la provincia de Misiones ni los bosques de caldenes de La Pampa. Unicamente los andino-patagónicos se mantienen estables, y las masas de ñires se habrían extendido.
En 1998, cuando se realizó el “Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos”, las selvas y montes de Salta, Chaco, Formosa, Santa Fe, Santiago del Estero y Córdoba sumaban 23.688.921 hectáreas. Apenas ocho años después habían perdido casi el 10%. Entre 1998 y 2002 desaparecieron 781.930 hectáreas. Pero en los últimos cuatro años, el proceso se acentuó y la tala arrasó con 1.108.669 hectáreas, en su gran mayoría, ahora con soja.
Con estas cifras, la tasa de deforestación de la Argentina —que mide el porcentaje de pérdida anual respecto de la superficie remanente— resulta seis veces más alta que el promedio mundial.
A cargo del relevamiento está la Unidad de Monitoreo del Sistema de Evaluación Forestal de la Dirección de Bosques, que coordina la ingeniera Celina Montenegro. Su equipo recibe las fotos satelitales de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, las procesa a formatos “legibles”, y les aporta la georreferenciación, lo que implica darles coordenadas, para establecer así las correlaciones entre las imágenes y los mapas.
“El avance más importante de la frontera agropecuaria se produjo en la región del Parque Chaqueño”, señala Montenegro. Santiago del Estero encabeza el ranking de desmonte: 515.228 hectáreas en estos cuatro años, lo que significa un 71,61% más que entre 1998 y 2002. Las nuevas peladuras que se ven en los mapas satelitales se concentran en el este, el noroeste y el sur.
Pero la mayor aceleración se registra en Salta, donde, en este lapso, la desaparición de masa boscosa (414.934 hectáreas) fue un 113,45% mayor que entre 1998 y 2002. Sólo el departamento de Anta perdió 239.681 hectáreas.
El ritmo sigue incrementándose: Greenpeace relevó que desde diciembre hasta la fecha, el gobierno salteño convocó a audiencias públicas para autorizar desmontes por un total de 195.941 hectáreas. “Ni siquiera se aprovechan los productos forestales, los árboles se arrancan de raíz”, observa el ingeniero Enrique Wabo.
El desmonte más intenso se produjo en la franja de transición entre el Parque Chaqueño y las Yungas. Pero en esta selva se observa también un descenso de la cubierta boscosa, que contribuyó a causar el desastre de Tartagal, la grave inundación producida en en abril de 2006.
No es sólo la tala masiva lo que acarrea problemas ambientales y, por lo tanto, también económicos y sociales. El informe final incluirá también datos sobre degradación de los bosques —cuando se extraen las especies más importantes, lo que reduce la diversidad— y sobre fragmentación, con consecuencias similares.
¿Mejoró algo en estos cuatro años? “Nuestra técnica y, por lo tanto, la información”, ironiza el director de Bosques, ingeniero Jorge Menéndez. Como ventana a la esperanza apunta que “la Secretaría de Ambiente está marcando una política, al apoyar la sanción de la ley de presupuestos mínimos para proteger los bosques nativos. Además, estamos trabajando en otra iniciativa, de promoción al manejo forestal sustentable de los bosques nativos”.
Pero el proyecto que impone restricciones al desmonte, sancionado por Diputados, está frenado por los senadores de ocho provincias, sobre todo Salta, Formosa y Misiones. Entretanto, se pierde un promedio de 821 hectáreas de bosques por día, es decir, 34 hectáreas por hora. “Con esta información —apunta Menéndez— estamos vacunando muy fuertemente a la opinión pública”.
Fuente: Diario Clarín

 

LA SOJA, EL AMBIENTE, LOS RECURSOS NATURALES, LAS COMUNIDADES, LA BIODIVERSIDAD, LA CONTAMINACIÓN, EL FUTURO, LA SALUD Y LA SOBERANÍA.

Miércoles, febrero 11, 2009
El desgaste del suelo en nuestro país
El problema actual de la expansión agrícola
CARTA DEL BIOLOGO RAUL MONTENEGRO
La soja no sólo mata ambientes nativos, mata la salud y los territorios indígenas, mata la diversidad agroproductiva de un país, enferma y hace morir a la gente con sus plaguicidas… también instaló una forma perversa de neocolonialismo.

Con verdadera sorpresa leí el documento que resume el taller sobre soja. Es indudable que en ese taller no participaron las personas que luchan contra el avance de la soja sobre territorios indígenas, pequeñas propiedades de campesinos e incluso reservas naturales.
¿Saben ustedes lo que están sufriendo las comunidades indígenas del centro y oeste del Chaco y Formosa, cuyos bosques están siendo destruidos para que se cultive soja? ¿Perciben acaso la tragedia de ser indígena Wichí en un mundo que de bosque seco pasa a cultivo de soja, y cuyos aires y aguas transparentes pasan a ser depósitos de glifosato y su derivado AMPA, y endosulfán y su derivado sulfato de endosulfán?
¿Saben ustedes que los gobiernos están flexibilizando leyes y procedimientos administrativos para facilitar los desmontes, e incluso la transferencia de terrenos fiscales a plantadores de soja? ¿Saben lo que sucede en el Chaco, donde hemos iniciado una durísima campaña para evitar que se les siga sacando territorio a los indígenas para plantar soja?
¿Saben lo que sucede en Paraguay, donde las tierras de su ambiente chaqueño y selvático se destruyen para hacer soja? ¿Pueden hablar de sustentabilidad cuando la selva Paranaense del Paraguay se redujo al 68% entre 1984 y 1991, con una tasa de desmonte salvaje de 288.551 hectáreas por año, en su mayoría para cultivar soja?
Hacer sustentable la soja en este Tercer Mundo real, no el de los bonitos salones de reuniones en Holanda, más que una utopía es una complicidad. Lo digo con dolor: ese velatorio “técnicamente correcto” no tiene los pies con barro ni el corazón puesto en nuestra tierra real, en nuestras selvas, en nuestros bosques secos. Su pobreza técnica y de realidades me preocupa por la entidad de quienes lo organizaron (y participaron).
Tampoco estuvieron en Holanda quienes atacan el uso intensivo de glifosato, endosulfán y otros plaguicidas tan usados en cultivos de soja RR. Nada se dice en el documento sobre el inédito experimento epidemiológico que desató el cultivo de soja en Argentina, Brasil y Paraguay (por solo citar algunos de los países-víctima). ¿Saben ustedes que los médicos rurales, y los que atienden poblaciones de bordes urbanos están desesperados por los valores de morbilidad y mortalidad que se están registrando?
¿En qué parte del “correcto informe” que nos enviaron se analiza que los plaguicidas glifosato, AMPA, endosulfán y sulfato de endosulfán; el coadyuvante nonil fenol etoxilato, y el diluyente ftalato (tan usado en plaguicidas) son disruptores endócrinos? ¿Advierten siquiera lo que significa un monocultivo de crecimiento geométrico asociado a problemas sanitarios de crecimiento también geométrico?
Más aún: pareciera que la soja pudiera hacerse sustentable. ¡Qué ingenuidad!
¿Cómo le van a enseñar a la soja a no extraer nutrientes ni alterar el perfil del suelo? ¿Cómo van a modificar los sistemas sociales de Argentina o Brasil, donde el cultivo de soja puede hacerse prácticamente desde un teléfono celular, pues no hace falta roturar el suelo ni sofisticadas maquinarias? ¿Qué referencia se hace a la destrucción, no ya de ambientes nativos, lo que de por sí es muy grave, sino de diversidades agroproductivas?
¿Quién habla en nombre de los productores de leche, jaqueados por los productores de soja?¿Qué parte del relatorio habla de la cantidad de mano de obra que demanda una hectárea de soja y una hectárea de tambo dedicado a la producción de leche?
La soja no sólo mata ambientes nativos, no sólo mata la salud y los territorios indígenas, no sólo mata la diversidad agroproductiva de un país, no sólo enferma y hace morir a la gente con sus plaguicidas, también instaló una forma perversa de neocolonialismo.
Por si fuera poco, las semillas crudas de soja contienen restos de los plaguicidas usados, y la soja cruda, tanto orgánica como RR, contiene fitatos e isoflavonas que son de riesgo para la salud.
Es bastante triste, pero no me imagino cómo hacer para que un relatorio como el que analizamos se transforme en otro más serio, verdadero y científicamente correcto. Por ahora me limito a protestar enérgicamente, y a pedirles que envíen una copia de mi nota a todos quienes participaron de ese taller.

Cordialmente,
Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo.
Presidente de FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente) y profesor Titular de Biología Evolutiva Humana en la Universidad Nacional de Córdoba.
Premio Global 500 de Naciones Unidas

LA SOJA, TRANSGÉNICO DE UNA INTERNACIONAL, EL CAMPO, ARGENTINA Y LA SOBERANÍA NACIONAL

Miércoles, febrero 11, 2009

Problemática de la Sojización y la soberanía nacional.* 15-01-09

Por Alberto J. Lapolla**

Argentina Sojizada.

Hemos dado en llamar Sojización al proceso de expansión desmedida e incontrolada del monocultivo de soja transgénica forrajera, conocida como sojaRR. Esto implica el cultivo, ya en 17 millones de hectáreas, de esta soja genéticamente modificada por la multinacional Monsanto, que la hace resistente al herbicida glifosato, cuyo nombre comercial es Round-up, a cuya resistencia hace mención el agregado RR (Round-up Ready). Este sistema implica un paquete tecnológico compuesto por la aplicación reiterada del herbicida glifosato –y otros-, la siembra de semilla transgénica de sojaRR, mediante el sistema de Siembra sin labranza denominada Siembra Directa. La expansión de este sistema de cultivo, más allá de cualquier consideración ecológica, ambiental, agronómica, de salud pública, social o macroeconómica es el proceso que hemos dado en llamar Sojización para caracterizar un cambio radical del agroecosistema nacional y por ende de todo nuestro sistema agropecuario. El cultivo de soja transgénica forrajera ocupa ya más del 50.% de la producción de granos y el 55% de la superficie agrícola sembrada. Pero si en realidad consideráramos la superficie agrícola original de este proceso, allá por 1995, la expansión es muchísimo mayor. La superficie sembrada hoy con sojaRR, supera a toda el área sembrada existente en 1995. Esto implica que para llegar  a los 35 milloones de hectáreas actuales, se debió ocupar una enorme cantidad de tierras históricamente destinadas a la ganadería, a la lechería,  al monte frutal, a la horticultura, al monte virgen, a la apicultura, a la producción familiar, y a otros cultivos que fueron desplazados por la soja como el girasol, el maíz, la batata y el algodón. La superficie sojizada crece año a año a costa de otras producciones. Así en 2004, la superficie agrícola total era de 27 millones de has, mientras que hoy ya superamos las 35 millones de has, cifra equivalente al 12.5% de la superficie del país. El pool sojero multinacional que controla y domina el ‘negocio’, estima que para el año 2017 la cifra de la superficie agrícola argentina debe orillar las 120 millones de has. Algo así como el 43% de la superficie nacional, un verdadero disparate ambiental y agronómico. La Sojización desenfrenada de la nación, lejos de ser un hecho saludable, constituye un verdadero problema en expansión para la economía nacional y la protección de nuestro ecosistema agrícola. Pero lo es también para la vida misma de nuestros habitantes. Este hecho ha sido señalado correctamente varias veces por la Presidenta de la Nación a partir de la sanción de la resolución 125, que tenía como objetivo encomiable poner freno a esta expansión. Sólo 19 naciones en el mundo permiten el cultivo de variedades transgénicas -es decir modificadas genéticamente (OGM)- de manera libre y sólo 5 lo permiten en gran escala, la Argentina es una de ellas, siendo la que posee la mayor superficie relativa de OGM sembrada de manera abierta en el mundo. Mientras otros países toman medidas para reducir o prohibir la superficie sembrada con sojaRR, la Argentina sigue expandiendo la frontera sojera sin límite ni precaución alguno. Peor aun, el 99% de la soja sembrada en nuestro país es transgénica (sojaRR). Siendo la soja una especie de polinización cerrada o autógama en un porcentaje del 95 al 99%, es dable suponer que la soja no transgénica (la llamada soja orgánica) es muy difícil que se encuentre en nuestro territorio. Este sólo hecho ya constituiría  un grave problema debido a la expansión descontrolada de OGM. El saber científico actual, aportado por el estudio del genoma humano ha demolido la teoría de base de la transgenia: ‘un gen una proteína’, sumiendo a los científicos empleados de las multinacionales en el desconcierto y el ocultamiento. De hecho desconocemos qué efectos puedan producir los OGM en el ecosistema global y en la salud humana, a mediano y largo plazo. La OMS ha señalado que desde 1995, fecha en que los cultivos transgénicos hicieron su irrupción en el mercado, el 65 % de las afecciones de la población mundial, está relacionado con la alimentación. Este hecho, de por sí gravísimo, es apenas el primero de una larga lista de efectos nocivos que la sojización arroja sobre nuestra población.


¡Ay Felipe!

La multinacional Monsanto culminó el proceso de estabilización de la sojaRR en 1993, ya en 1994 fue aprobada por el organismo correspondiente al control alimentario de los EEUU, con la oposición de las Agencia Nacional Ambiental (USDA). Las fuertes presiones de la empresa lograron que al año siguiente, la USDA aprobara la liberación de la sojaRR. Entre la estabilización de la soja RR, y su lanzamiento al ecosistema mundial apenas transcurrieron dos o tres años, lapso insuficiente para evaluar efectos ambientales, sobre el conjunto del ecosistema global a corto, mediano y largo plazo. Cabe señalar que la transgenia implica una fuerte alteración de los mecanismos de la selección natural,  con implicancias directas en la biosíntesis de proteínas y en cuestiones relacionadas con el sistema inmunológico y el cáncer. Pero lo más grave que nos compete, es que en ese mismo año, 1995, el entonces secretario de Agricultura del menemato, el Ing. Felipe Solá autorizó la liberación de la sojaRR en nuestro país, sin ningún estudio previo que avalara dicha decisión. De allí en más nada la ha detenido, produciendo graves efectos ambientales, sociales, sanitarios y estructurales. En principio la sojización ha transformado a nuestra producción agropecuaria casi en un monocultivo, hecho peligroso desde el punto de vista ambiental y respecto de la estructura productiva de la nación. Todo modelo basado en el monocultivo es esencialmente no sustentable y estructuralmente débil. Sin embargo la expansión del monocultivo de soja transgénica, trae aparejada otros serios problemas. El más importante radica en la degradación de nuestro sistema productivo: hemos dejado de ser un  país productor de alimentos, para pasar a ser un enclave productor de forraje, para que otras naciones –las más industrializadas o en vías de serlo- produzcan carne. Ya no somos el ‘granero del mundo’ en este revival del modelo agroexportador de cuño británico –ahora chino- posterior a Pavón, sino que somos productores de ‘pasto-soja’, para que China, India  y la Unión Europea puedan criar de manera subsidiada –por los argentinos- a sus cerdos, aves y vacunos. En 17 millones de has, de las mejores tierras agrícolas del mundo, los argentinos (es decir los 80.000 sojeros) no producimos alimentos, producimos ‘pasto-soja’ para exportar a China, la India y la UE. En este planteo neocolonial hemos llegado al extremo de venderle soja en grano a Chile para que produzca carne aviar y porcina y la exporte, mientras nosotros importamos ambos productos debido a la reducción drástica de las áreas y los stocks ganaderos y cárnicos producidos por la sojización. Pese a lo que señalan los defensores del modelo sojero, la exportación de granos, aceite, torta, u otros derivados de soja equivale a exportar forraje puro, es decir ‘pasto soja’.

‘Feed lot’ y sojización. Contaminación al por mayor.

Hemos reducido nuestra producción de carne -al disminuir el área, el número de cabezas y la calidad de los campos destinados a la misma- para producir ‘pasto-soja’, debiendo apelar a la altamente peligrosa herramienta del feed-lot, pasando a producir carne de pésima calidad y con bajísimo nivel de seguridad alimentaria, en el país que alguna vez tuvo la ‘mejor carne del mundo’. Destinamos nuestras mejores tierras a  producir forraje -y ahora también agro-combustibles-, para que otros países produzcan y exporten carne, en lugar de hacerlo nosotros.  Esto repercute no sólo en la mala calidad de lo que comemos, sino marcadamente, en el precio de los alimentos al verse reducida su oferta por disminución de la superficie sembrada y por el aumento del costo de oportunidad de su producción. El aumento del precio de  los alimentos de primera necesidad como las hortalizas, las frutas, los lácteos y los diferentes productos cárnicos –la carne ovina pasó de ser un sustituto barato de la carne vacuna a ser un producto de lujo- tiene relación directa con la disminución constante del área destinada a su producción, ante el avance arrollador de la soja forrajera. Ya el objeto de nuestra producción agrícola no es la de producir alimentos para el consumo de nuestra población, exportando el remanente, sino que todo el sistema agrícola del país está puesto al servicio de producir ‘pasto-soja’, para la exportación a los países industrializados o en vías de desarrollo, que poseen políticas estatales nacionales. El otro elemento de extrema gravedad producido por la sojización, radica en la altísima contaminación ambiental que produce el sistema, ya que el mismo se basa en el uso masivo de agrotóxicos –principalmente herbicidas- en forma permanente. No sólo glifosato, sino una larga lista de productos de altísima toxicidad, algunos prohibidos en los países centrales. En la última campaña se usaron alrededor de 220 millones de litros de glisfosato, de 23 a 29 millones de litros de 2-4-D, cerca de 7 millones de litros de endosulfán y casi el mismo volumen de atrazina y un volumen menor diquat y paraquat, llegando a un total de alrededor de 150 mil toneladas de plaguicidas y 1.3 millones de Tn de fertilizantes, con efectos acumulativos y exponencialmente crecientes desde 1996 hasta la fecha. Tanto el 2-4-D, el diquat, el paraquat, el endosulfán sumados a los coadyudantes y  acompañantes del glifosato, son productos altamente cancerígenos. Recientes estudios del Instituto Curie francés, llevados adelante por el Dr  R. Bellé, confirman que el glifosato en su forma comercial más habitual, el Round-up, es disparador de los mecanismos formadores del cáncer.(1) En estos días se han hecho públicos los graves casos del Barrio Ituzaingó Anexo en Cordoba, donde la justicia ha prohibido las fumigaciones después de 10 años de reclamos(7). El caso de Loma Sené en Formosa, nos hizo famosos en el mundo.(8) Y los  miles de casos de cáncer de la cuenca sojera pampeana, detectados en un estudio multidisciplinario realizado en la zona y que sufre fortísimas presiones para su publicación.(2) Todos estos productos, utilizados sin ningún control por parte de las reparticiones provinciales o municipales correspondientes, son cancerígenos, producen alergias, malformaciones, reacciones en la piel, afecciones respiratorias, afectan los embarazos, producen abortos espontáneos y han disparado la tasa de cáncer en la Argentina respecto de las cifras de 1995. Es necesario señalar que la sojaRR está presente como complemento, en infinidad de alimentos locales desde hamburguesas, jugos, golosinas, fiambres y chocolates, por lo que los efectos tóxicos se multiplican.


Súper malezas.

Otro aspecto de gravedad ambiental inusitada desarrollado por la sojización, refiere a que en términos ecológicos y ambientales, todo el sistema de Siembra directa-sojaRR-glifosato, no es más que un gigantesco experimento, de selección de malezas resistentes y contaminaciones genéticas verticales y horizontales irreversibles, a través de transgenes y uso masivo de herbicidas,  con efectos futuros apenas entrevistos. Ya hay aproximadamente treinta especies con resistencia al glifosato. Recientemente se ha sumado la aparición de Sorgo de Alepo, lo cual puede transformarse en un grave problema. Otro aspecto del problema, radica en la pérdida de la fertilidad de nuestros suelos que el sistema implica. Además de la ausencia de rotaciones de cultivos y del retorno de los suelos a la pastura como restauración natural de su fertilidad, y de saneamiento, cada cosecha implica una enorme extracción de nutrientes que salen con los granos y que no son repuestos. Para producir una Tn de grano la soja extrae 16 kg/ha de calcio, 9 kg de magnesio, 7 kg de azufre, 8 kg de fósforo, 33 kg de potasio, y 80 kg de nitrógeno. Esta exacción permanente afecta de manera directa la fertilidad actual del suelo y al repetirse en un ciclo continuo y prolongado, afecta también la fertilidad potencial de los mismos. Con el agravante que la fertilización química produce contaminación, que eutrofiza y contamina los cursos y reservorios de agua, mientras que la restauración natural de la fertilidad no produce ninguna contaminación y tiene mucho menor costo. El costo de reposición de las unidades de fertilzante exportados en N, P y S de la última cosecha, implicaría un desembolso superior a 1500 millones de USS.


La soja destruye empleo y producción.

Cada 500 has de sojaRR se genera un solo puesto de trabajo, destruyendo 9 de cada 10 puestos de trabajo efectivo. La razón radica en el diferente Tiempo Operativo de Labranza (TOL), entre los sistemas Tradicional y SD. El TOL del sistema SD-sojaRR es de 40 minutos/hombre/Ha, contra 180 minutos/hombre/Ha del sistema tradicional. Por el contrario 100 Has destinadas a la agricultura familiar producen 35 puestos de trabajo reales, sin contaminación ambiental alguna.  Esta bajísima demanda laboral explica que hoy los trabajadores rurales apenas lleguen a 1.3 millones, con el agravante de  que sólo un tercio trabaja en blanco. Otro aspecto que se suma al anterior, es la destrucción de la pequeña producción, que lleva adelante la sojización. Ante los márgenes de ganancia de la sojaRR y sin intervención estatal que cambie la ecuación –el ‘mercado’ jamás lo hará- dejan de ser viables la huerta, el monte frutal, la apicultura, la ganadería, el monte artificial, la producción lechera, porcina o apícola. Algunas por competencia, otras simplemente por cercanía a los vuelos u aplicaciones terrestres de glifosato  que por ser un herbicida total destruye todo tipo de plantaciones por deriva. De igual manera, a simple dominio de mercado no son viables la ganadería en pequeña escala –imprescindible para recuperar la economía de escala familiar- ni las producciones mencionadas. Tampoco es rentable la sojaRR para superficies menores de 300, 350 y hasta 500 has según la región, por lo cual los pequeños y medianos agricultores deben arrendar o vender sus campos. Esto ya produjo la desaparición de casi 180.000 productores entre 1990 y 2002. Por el mismo motivo y por las políticas macro aplicadas desde 1976, se produjo un aumento de la concentración de la tierra con cifras similares a las del apogeo de la ‘República’ conservadora. Entre 1966 y 2002 desaparecieron la mitad de los productores, pasando de tener 650.000 a menos de 330.000, con el agravante que el 49.7% de la tierra (la mitad de la superficie del país) pertenece a 6900 propietarios, y más de 40 millones de has (el 14% del territorio nacional), están en manos extranjeras incluidas áreas de frontera, cursos de agua y zonas estratégicas.  Otro aspecto que produce la sojización, es el robo ‘legal’ de la propiedad ancestral y la expulsión manu militari de gente del campo, en particular campesinos pobres y comunidades de los pueblos originarios. La sojización hace posible la producción de ‘pasto-soja’ en regiones y lugares donde antes la agricultura no era posible. Por lo que las tierras marginales que antes se despreciaban y servían para refugio y alimento de los más pobres, ahora tienen valor. Más allá de los graves riesgos ambientales, que implica trasladar el sistema de la agricultura pampeana a regiones de enorme fragilidad ecológica en un planteo de agricultura permanente, como lo son el NOA, o el NEA, el hecho produce la perversión de expulsar de sus tierras a las comunidades ancestrales o de escasos recursos, que vivían en  ellas de la producción familiar o de los frutos del monte. Expulsados como sea, mediante la conspiración mafiosa de gobiernos provinciales y comunales, estudios jurídicos gangsteriles, fondos de inversión al servicio del capital financiero o mediante el simple y expeditivo sistema de mandar la gendarmería de noche, para echar a humildes y pacíficos pobladores, matándoles los animales y echándolos a la ruta. Se producen así nuevas áreas de ‘agronegocios’ de espantosa eticidad. Consorcios de cara oscura y oculta, se apoderan de enormes extensiones de tierras, robadas a sus verdaderos dueños. Este hecho ilegítimo, que arrasa con derechos escritos en la Constitución Nacional debe ser resuelto exactamente de la manera inversa: es necesario repoblar el campo y desarrollar políticas de desconcentración de la tierra, creando miles de nuevos productores familiares, ‘nuestros paisanos los indios'(4) los primeros.  Por último, la sojización, ha arrasado el monte nativo, hasta prácticamente su eliminación total. Según señalara el Ing. C. Merenson en 1914 poseíamos 105 millones de hectáreas de bosques nativos, lo que equivalía a más de un tercio de la superficie nacional, pero ya en 1994 sólo restaban 35 millones de has, luego entre 1984 y 2002, con la expansión  de la sojaRR, el área boscosa se redujo en otro millón de has. Por su parte el Dr. M. Altieri, señaló que la sojización ha producido en América Latina la pérdida de 21 millones de has  de bosque de  los cuales 14 millones corresponden a la Argentina. A lo dicho debemos sumarle la febril depredación producida en 2007 y 2008, dado que las empresas temiendo la aprobación de la Ley de bosques salieron a arrasar lo que quedaba. De tal forma creemos como el Dr. Morello que ‘el bosque nativo en la Argentina es cosa del pasado. Hoy ya no existe'(6)


¿Cómo salir de la trampa?

Concluyendo, este conjunto de factores trae aparejadas la destrucción de la fertilidad de los suelos, elimina la bioregulación, destruye la biodiversidad de nuestro agroecosistema, y produce fuertes afectaciones a la flora y la fauna, realizando la contaminación masiva del suelo, los cursos de agua, las napas, los ríos y el hábitat general de nuestros habitantes. También acarrea la miseria, la expulsión y la destrucción de la producción familiar y de los trabajadores del campo. Todo ello para producir riqueza para un sector munúsculo de la población: 80.000 productores sojeros, sobre 330.000 productores agrarios y 40 millones de argentinos. Sector minúsculo que unido al complejo sojero multinacional,  se enriquece a costa de la devastación y de la postración nacional. Creemos necesario un Plan Nacional Agropecuario que organice una salida gradual de la sojización, basado en el repoblamiento rural, con entrega de tierras. Con políticas activas de apoyo, estímulo y protección de la producción familiar y de la pequeña producción, recuperando la producción natural de alimentos como base del campo argentino, hacia un modelo de desarrollo rural en función de los intereses nacionales y populares. Debemos aspirara a tener cientos de miles de nuevos productores agrarios, que produzcan alimentos sanos en cantidad y calidad suficiente para alimentar a toda nuestra población y exportar el remanente. Además de aplicar justas retenciones, es necesario penalizar la exportación de grano, aceite o torta de soja, estimulando la producción de carne y la agregación de valor, apelando al desarrollo local como forma de recuperar producciones arrasadas por la soja, estimulando todas las producciones debilitadas como la ganadería, la lechería y la horticultura. Se deben prohibir las fumigaciones cercanas a los poblados y se deben reducir drásticamente las aplicaciones excesivas e innecesarias de herbicidas y pesticidas en general, generando políticas de depuración y recuperación ambiental regionales. Este primer paso obligaría a alternar rotaciones agrícolas-ganaderas y rotaciones de cultivos, mejorando la situación ecológica en general. Es necesario reducir año a año el área de sojaRR, así como comenzar a sanear zonas contaminadas por transgenes y pesticidas a granel, mientras se estimula el uso de prácticas no contaminantes, especialmente vinculadas al enorme potencial de la agroecología y la economía familiar. Los argentinos no necesitamos la sojaRR para nuestro desarrollo, su expansión descontrolada ha sido una imposición del ‘mercado mundial’, en una nueva etapa de división internacional del trabajo que está llegando a su fin de manera estrepitosa. Es posible recuperar una política soberana de desarrollo nacional y agropecuario insertado, en la necesaria reindustrialización de la nación, distribuyendo la brutal concentración de la riqueza producida desde 1976 en adelante.

—————————————————————————————————————————————————


1.- Reportaje en Ecuador a Robert Bellé, la investigación fue publicada en Toxicological Sciences Nº 82, 2004,

2.- Ver Federación Agraria Argentina, Informe Semanal N° 197, 29 de diciembre de 2005 e Informe presentado por los Ing. Agr. Alberto Gelín y Javier de Souza, en el 2º Encuentro ‘Suelos, Fundamentos… organizado por CTERA, ANSAFE y el PAS, en San Jenaro Norte Santa Fe 19-20-05-2006.

3.- Altieri Miguel (Profesor de Agroecología Universidad de California, Berkeley)  La tragedia social y ecológica de la producción de biocombustibles agrícolas en América. Marzo- 2007

4.- Frase con que el General San Martín se refería  nuestros compatriotas originarios.

5.- Conferencia del Dr. Miguel Altieri en Bs. As., el 21-3-07,

6.- Conferencia del Dr. J. Morello en Bs. As., el 21-3-07

7.- Página 12, 12-1-09

8.– Ver Sue Brandford, La cosecha amarga de la Argentina, publicado por New Scientist. 17-04-04.


*Un resumen de este trabajo fue publicado por Página 12, el  1 de febrero de 2009 en Cash

**Ingeniero Agrónomo genetista. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CMP.

Referente de la Corriente Participativa Soberanía y Liberación.

>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>><<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<

Libro explicativo con muchos datos sobre el problema de la soja:

La soja tiene su auge por la facilidad y bajo costo del cultivo mediante aplicaciones tecnológicas, y alto valor por su mayor contenido de proteínas.

La soja tiene su auge por la facilidad y bajo costo del cultivo mediante aplicaciones tecnológicas, y alto valor por su mayor contenido de proteínas.

El desmalezado total y la fumigación son inconvenientes para el ambiente.

El desmalezado total y la fumigación son inconvenientes para el ambiente.

http://www.igooh.com/notas/soja-nueva-forma-de-ocupacion-territorial/

>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>><<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<

Secretario de Ambiente. Ni MEDIO. En su discurso de nombramiento lo dejaba traslucir.

Martes, febrero 10, 2009

martes 6 de enero de 2009

Estudio del actual Secretario de Medio Ambiente, presentó recurso extraordinario por arbitrariedad e inaplicabilidad de la ley en el Caso Diacrom.

En 1997, María Luz Ledesma, una vecina de Carapachay, empezó la pelea judicial cuando ella y su marido se enfermaron de cáncer. El Estudio Bibiloni, perteneciente al secretario de ambiente de la Nación, quedó en medio de la polémica. El estudio jurídico del actual secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Homero Bibiloni, aparece involucrado en la apelación –planteada a fines de agosto del 2008– de un fallo que condena a la empresa Diacrom (dedicada al cromado de metales en Carapachay) por contaminación en el agua de la zona norte del conurbano, ante la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires. “El secretario de Ambiente no defiende a los vecinos contaminados, sino a las empresas contaminantes”, lo acusa Mariano Aguilar, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas y patrocinante de la Fundación Eco Sur en la causa del agua turbia que podría afectar a más de un millón de personas en Vicente López, San Martín, San Isidro, San Fernando y Tigre.
La Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo de San Martín ordenó, el 25 de julio de 2008, que Diacrom y la Provincia de Buenos Aires realicen –en un plazo de 180 días– un plan de re sanación ambiental. Si esa sentencia se hubiera cumplido, a más tardar a fines de este mes tendrían que comenzar las obras para evitar la filtración de cromo en el río subterráneo de Vicente López y zonas aledañas. Pero las canillas con cromo siguen chorreando y las obras para poner fin a la contaminación del agua están frenadas.
El 27 de agosto pasado la Fundación Eco Sur se notificó de que Fernando Javier Cornejo, el abogado apoderado de Diacrom, “constituyendo domicilio en Plaza Olazábal 133 de La Plata (estudio Bibiloni-Cornejo) presentó ante la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires un recurso extraordinario por arbitrariedad e inaplicabilidad de la ley. En ese escrito pidió que la sentencia (que obligaba a realizar el saneamiento del agua) sea dejada “sin efecto en todo cuanto ha sido materia recursiva”. En otras palabras, reclamó que la empresa fuera liberada de culpa y cargo.


“Es grave que el estudio de Bibiloni firme esa presentación que dilató la posibilidad de sanear el agua y evitar potenciales enfermos de cáncer”, remarca Aguilar. Por su parte, el funcionario se defiende: Bibiloni niega que Diacrom haya sido cliente de su estudio. Pero admite una esporádica intervención en la disputa entre la Fundación Eco Sur y la empresa de cromado para que se llegara a un acuerdo monitoreado por la Universidad de La Plata. El sucesor de Romina Picolotti asegura que ésa fue su única actuación en la contienda judicial por la contaminación del agua de zona norte.
Sin embargo, el Estudio Bibiloni aparece mencionado en la presentación hecha ante la Suprema Corte para que el máximo tribunal bonaerense frene la orden de reparar los daños causados por la contaminación. El secretario de Ambiente afirma que el nombre de su estudio aparece en el escrito ya que, por reglas de cortesía entre abogados, le prestó su domicilio procesal a Fernando Cornejo.
Bibiloni no era funcionario del Poder Ejecutivo en el momento de esa apelación. Pero tampoco era un abogado improvisado. En ese momento, se desempeñaba como subsecretario Legal y Técnico de la municipalidad de La Plata y tenía experiencia en gestión ecológica: entre 2003 y 2004 estuvo a cargo de la Subsecretaría de Recursos Naturales, Biodiversidad y Relaciones Institucionales de la Secretaría de Ambiente de la Nación. También había sido asesor de diversos municipios bonaerenses y agente judicial de Obras Sanitarias y cuenta con un máster en Derecho Ambiental de la Universidad del País Vasco.
Sus actuaciones como abogado no son imputables como faltas a la ley. Pero sí hay una polémica ética. ¿Un renombrado abogado ambientalista presta su dirección procesal sin conocer que el nombre de su estudio va a respaldar un escrito, ante la Suprema Corte bonaerense, para intentar tirar abajo un caso testigo de contaminación?

Referencia: www.criticadigital.com

Sigue asesinato lento a niños fumigados por agroquímicos.

Lunes, noviembre 10, 2008

 Quien sabe que se comete un crimen y no lo denuncia es un cómplice. José Martí

 El ‘mosquito’ es una máquina que vuela bajo y ‘riega’ una nube de plaguicida. 

CHICOS ROCIADOS CON PESTICIDAS TRABAJAN COMO BANDERAS HUMANAS.

 

 ‘A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza’. Gentileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda@ msn.com

LOS NIÑOS FUMIGADOS DE LA SOJA

Argentina / Norte de la provincia de Santa Fe

Diario La Capital, Las Petacas, Santa Fe, 29 septiembre 2006 

En el viejo territorio de La Forestal, la empresa inglesa que arrasó con el quebracho colorado, embolsó millones de libras esterlinas en ganancias, convirtió bosques en desiertos, abandonó decenas de pueblos en el agujero negro de la desocupación y gozó de la complicidad de administraciones nacionales, provinciales y regionales durante más de ochenta años.  

Las Petacas se llama el exacto escenario del segundo estado argentino donde los pibes son usados como señales para fumigar. Chicos que serán rociados con herbicidas y pesticidas mientras trabajan como postes, como banderas humanas y luego serán reemplazados por otros.

‘Primero se comienza a fumigar en las esquinas, lo que se llama ‘esquinero’.

Después, hay que contar 24 pasos hacia un costado desde el último lugar donde pasó el ‘mosquito’, desde el punto del medio de la máquina y pararse allí’, dice uno de los pibes entre los catorce y dieciséis años de edad.

Para que el conductor sepa dónde tiene que fumigar, los productores agropecuarios de la zona encontraron una solución económica: chicos de menos de 16 años, se paran con una bandera en el sitio a fumigar. El ‘mosquito’ es una máquina que vuela bajo y ‘riega’ una nube de plaguicida.  

Los rocían con ‘Randap’ y a veces ‘2-4 D’ (herbicidas usados sobre todo para cultivar soja). También tiran insecticidas y mata yuyos. Tienen un olor fuertísimo. No hay protección de ningún tipo.

‘A veces también ayudamos a cargar el tanque. Cuando hay viento en contra nos da la nube y nos moja toda la cara’, describe el niño señal, el pibe que será contaminado, el número que apenas alguien tendrá en cuenta para un módico presupuesto de inversiones en el norte santafesino.

Y cuando señalan el campo para que pase el mosquito cobran entre veinte y veinticinco centavos la hectárea y cincuenta centavos cuando el plaguicida se esparce desde un tractor que ‘va más lerdo’, dice uno de los chicos.

‘Con el ‘mosquito’ hacen 100 o 150 hectáreas por día. Se trabaja con dos banderilleros, uno para la ida y otro para la vuelta. Trabajamos desde que sale el sol hasta la nochecita. A veces nos dan de comer ahí y otras nos traen a casa, depende del productor’, agregan los entrevistados.

Uno de los chicos dice que sabe que esos líquidos le puede hacer mal: ‘Que tengamos cáncer’, ejemplifica. ‘Hace tres o cuatro años que trabajamos en esto. En los tiempos de calor hay que aguantárselo al rayo del sol y encima el olor de ese líquido te revienta la cabeza.

A veces me agarra dolor de cabeza en el medio del campo. Yo siempre llevo remera con cuello alto para taparme la cara y la cabeza’, dicen las voces de los pibes envenenados.

-Nos buscan dos productores. No nos cansamos mucho porque estamos acostumbrados. Hacemos un descanso al mediodía y caminamos 200 hectáreas por día. A mí me dolía la cabeza y temblaba todo. Fui al médico y me dijo que era por el trabajo que hacía, que estaba enfermo por eso’, remarcan los niños.

Cada uno tiene su gente, pero algunos no porque usan banderillero satelital.

El padre de los pibes ya no puede acompañar a sus hijos. No soporta más las hinchazones del estómago, contó. ‘No tenemos otra opción. Necesitamos hacer cualquier trabajo’, dice el papá cuando intenta explicar por qué sus hijos se exponen a semejante asesinato en etapas.

La Agrupación de Vecinos Autoconvocados de Las Petacas y la Fundación para la Defensa del Ambiente habían emplazado al presidente comunal Miguel Ángel Battistelli para que elabore un programa de erradicación de actividades contaminantes relacionadas con las explotaciones agropecuarias y el uso de agroquímicos.

No hubo avances. Los pibes siguen de banderas. Es en Las Petacas, norte profundo santafesino, donde todavía siguen vivas las garras de los continuadores de La Forestal.

Fuente: Diario La Capital, Rosario, Argentina

 

  www.asambleadeltayriodelaplata.blogspot.com

 

Difusión sin cargo de Prensa FILATINA. Algunas tabacaleras también tienen criaturas trabajando desde los 5 años, mientras se narcotizan a diario y terminan inutilizados a los 14 años. Testimonios en el sito: www.filatina.wordpress.com