Dictadura del 76. Desentrañando verdades y engaños.

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PREGUNTAS EN EL INFIERNO

Por Patricia Derian y las mentiras de Massera

A 21 años de su entrevista con el entonces jefe de la Armada, Patricia Derian recuerda en detalle aquella charla, la mendacidad de Massera y critica el informe que la Embajada de su país envió al Departamento de Estado sobre ese encuentro.


MARINA AIZEN. Corresponsal en Nueva York
-Leer este documento me resultó fascinante. El que lo escribió fue Max Chaplin, el número dos de la Embajada, que estaba en contra de la política de derechos humanos. En realidad, era un gran defensor del gobierno. El fue, sin embargo, el que me acompañó a la entrevista. Hay muchos errores en el documento, incluyendo su tono. Por ejemplo, en el párrafo cinco. En realidad, yo estaba hablando con Massera sobre la Escuela Mecánica de la Armada y en el centro de torturas. El me dijo que no había ninguno, y yo le respondí que sí. Fue cuando le dije: Tal vez justo debajo nuestro hay gente que esté siendo torturada en este mismo momento o que podrían estar siendo torturadas ahora. Entonces, él hizo el gesto de lavarse las manos, como si tuviera un jabón, y me hizo una enorme y horrible sonrisa. Y a continuación me dijo: Usted se acuerda de la historia de Poncio Pilatos, no?. Ese fue un comentario terrible. O sea, que lo opuesto a lo que escribió Chaplin. -¿Qué otras cosas están mal en ese documento? -Muchas. Por ejemplo, en el primer párrafo dice que a su pedido se hizo la reunión con el almirante Massera. No fue su pedido: fue mío. Esta es una versión higienizada. Si estás en contra de una política, y estás informando sobre una conversación, le agregás un montón de acolchado, para tratar de hacerla sonar como una discusión dulce, pasiva, amistosa. Y mi discusión con Massera no tuvo ninguno de esos ingredientes.-¿Puede recordar cómo fue la entrevista? ¿Dónde tuvo lugar? -En la oficina de Massera, en la Escuela de Mecánica de la Armada. Estábamos sentados lado a lado, en dos sillas cuadradas, con una mesita entre nosotros. Max Chaplin estaba allí para tomar notas. Y veo que no hizo un muy buen trabajo -¿Le sorprende?-Sí y no. Me sorprende no haber visto esto hasta ahora. -¿Cuál fue la actitud de Massera?-Todos ellos eran extremadamente amables, aunque hablaban de mí en público de una manera totalmente distinta. En esta conversación con Massera, por ejemplo, también hablamos de la desaparición de las monjas francesas, cuyas manos fueron cortadas. El tuvo una larga y extraña explicación para decir que no tuvo nada que ver con eso. Yo le respondí: Pero ellas estuvieron en un avión de la Marina, sobre el mar. Nosotros sabíamos un montón de cosas, y yo trataba de decirle todo lo que nosotros sabíamos. Él trataba en sus respuestas de culpar al Ejército. -¿Tenía la impresión de que le mentía?-Por supuesto. Massera mintió en todo momento. Lo que no sé es si él entendió que yo sabía que estaba mintiendo.-¿Por qué Chaplin ocupaba esa posición en la Embajada? -Él era miembro del Servicio Exterior. Siempre que hay un embajador político, el número dos es de carrera. -Pero él estaba básicamente conspirando contra una enviada personal del presidente de los Estados Unidos -No sé si conspirando, porque hizo esto de motu proprio. En realidad, tuvimos muchos problemas en toda América Latina, en los países con gobiernos totalitarios. Teníamos en las embajadas gente que simpatizaba con las dictaduras.-¿Cómo obtenían la información de lo que ocurría en la Argentina?-Cuando uno hace acusaciones de este tipo, tiene que estar muy seguro de qué es cierto y qué no lo es. Se habla con mucha gente: policías, militares, profesores, estudiantes, gente común; se tiene una impresión muy clara de lo que está sucediendo. Los periodistas siempre son buena fuente. Es un poco como hacer geología: se analiza capa por capa.-¿Y la Embajada hacía esa investigación?-La primera que fue asignada a la tarea de derechos humanos fue Yvonne Thyer. Ella era muy buena. Era una funcionaria muy joven, excelente, todavía está en el Servicio Exterior, así que creo que no podría hablar libremente. Había una gran oposición a la política de derechos humanos en el liderazgo de la Embajada, entre ellos estaba Robert Hill (el último embajador de la administración Ford). Este era un tipo extraño. Aunque me dio un montón de información muy shockeante, se oponía a nuestra política. Me quiso hacer creer que él era un gran defensor de los derechos humanos, y hasta me acompañó a algunas reuniones con algunos miembros de la Junta. Hizo un gran show, les gritó.-¿Y era todo falso?-No sé si era todo un show, pero esta no es la manera en que vos tratás de que te tomen en serio. Me pareció que la única forma que tenía Hill de comunicar estas cosas terribles era ponerse colorado y volverse loco. No sé si era todo impostado o no podía hablar del tema. No contribuía demasiado. -Esa es una historia fascinante en sí misma.-Sí. También me pasó en El Salvador. Muchos golpeaban sobre la mesa, y hacían ese tipo de gestos. Pero lo que hay que hacer es ser muy preciso, muy frío. Cuando te dicen una mentira, tenés que responder: Lo siento, pero no le creo.-Usted sabía que en la ESMA se estaba torturando. ¿Cómo se sintió allí?-Cuando estás en un lugar terrible o hablando con gente que hace cosas horribles, como torturar gente o mandar gente a matar, entonces vos te concentrás, querés entender exactamente qué te dicen, querés asegurarte de que ellos sepan que vos sabés lo que están haciendo, y que están equivocados, y esto se lo vas a decir. Ellos se sienten cómodos en su papel, se pueden engañar pensando que la gente los apoya, te pueden decir cualquier tipo de mentiras acerca de lo que están haciendo. Pero la última cosa que esperan es que alguien venga y les diga: sabemos lo que están haciendo y que eso es una maldad. Esto tiene un impacto tremendo en ellos. -¿Y cómo reaccionó Massera?-El tenía mucha confianza en su poder de seducción, pero yo nunca le pude ver esa parte. No me pareció nunca una persona seductora.-¿Se acuerda de la cifra de desaparecidos que tenía en ese momento la Embajada?-Depende con quién hablaras en la Embajada. Había gente que negaba que estuviera pasando algo malo y que creía que las guerrillas estaban secuestrando gente, tratando de desvincular a los militares. Eso era patentemente falso. Había mucha gente que apoyaba a la Junta. Si recordás el día que Alfonsín juró como presidente, yo ya me había ido hace rato, pero el día antes la Embajada fue a la Casa Rosada a comunicar la noticia de que se reanudaría la asistencia militar. ­Se la dieron a la Junta! En vez de esperar un día y dársela al gobierno democrático. Fue un insulto deliberado. Mucha gente en el Bureau Latinoamericano pensó que la democracia no duraría, y que los militares estarían de regreso.-No le debe haber sorprendido que Reagan haya cambiando la política de derechos humanos apenas asumió…-Cuando yo estaba en el Departamento de Estado, Reagan tenía un programa de radio, en el que dijo: Como señala el viejo dicho indio, tenés que caminar los mocasines de un hombre para saber qué problemas tiene. Y Patricia Derian y sus secuaces deberían caminar en los mocasines de los militares argentinos. No sólo fue extraño el comentario, sino que fue la peor defensa de los militares, porque la Junta no quería ser identificada con los indios, sino con los europeos (Ríe). Muchos protestaron.-Cuando se hizo pública toda la información sobre la represión en la Argentina, ¿le sorprendió la escala?-No. -¿Cuánta gente cree que desapareció?-No sabría decirlo exactamente ahora. ¿Pero vos leíste el Nunca más?-Pero en ese informe el número de desaparecidos ronda los diez mil. ¿Piensa que pudieron haber sido treinta mil, como dicen las Madres de Plaza de Mayo?-Mi tendencia es pensar que las Madres de Plaza de Mayo probablemente tengan la razón. Mi teoría es que el número más grande es probablemente el correcto. Y la razón por la que digo esto es que hay un enorme porcentaje de esta generación joven que simplemente no está. Ahora quiero que me digas algo: ¿qué piensas de lo de Pinochet?.-Le iba a preguntar precisamente eso.-Cuando en la Argentina se dejó libres a los miembros de la Junta fue muy triste, porque fue el primer proceso judicial desde Nüremberg, y uno de los pocos procesos en la historia de las dictaduras. Fue un proceso ordenado, las dos partes fueron escuchadas, la gente fue encontrada culpable y sentenciada. Tiene que haber alguna clase de castigo para los dictadores. Por lo tanto, espero que extraditen a Pinochet a Madrid.-¿Cuál piensa que es la posición de los Estados Unidos sobre esto?-No la puedo entender. Creo que Henry Kissinger y ese tipo de gente tienen un montón de influencia en el gobierno todavía.-Cuando se enteró de que Massera estaba otra vez preso, ¿qué pensó?-Creo que tiene que volver a ser juzgado. Y si alguien quedó vivo, y sufrió en sus manos, tendrían que darle garantías para que pueda declarar lo que le pasó. Durante el juicio a las Juntas me quedé muy sorprendida con los jueces y las preguntas que hacían.-Pero las sentencias no fueron tan severas.-Yo creo que los jueces estaban asustados. Eran tiempos en que estaban todos todavía muy nerviosos. -Mirando hacia atrás, ¿le parece que valió la pena hablar con esta gente?-Absolutamente. En los tiempos de la segregación en Mississippi, donde viví durante veinte años, los blancos reaccionaban de la misma manera que los militares: se ponían la mano en el pecho, hablaban de la religión, de la familia. Me quedé muy sorprendida al descubrir que las reacciones eran las mismas. Son gestos automáticos, es fascinante; sobre todo porque en el fondo siempre se trata de hombres muy débiles.

Torturas a prisioneros políticos en argentina

¡ Ignorancia

Mundo se salva

FOTO de todos

Fuente: http://edant.clarin.com/suplementos/zona/1998/11/29/i-00801e.htm

Algunos festejan el viaje de Obama a la Argentina, y no deben saber qué festejan.

Por Pablo Luis Caballero.

Si otros lo hacen sabiendo, ya es como cómplices de los delitos de lesa humanidad.

El “honorable” visitante, no deja de ser el presidente de un país que apoyó primero desde bambalinas y luego abiertamente a Inglaterra durante el episodio bélico inglés desde la recuperación de nuestras islas Malvinas en forma incruenta (por un gobierno ilegítimo pero al mando en nuestro país). Y que apoyó abiertamente, desde su instrucción inicial de nuestros militares en su escuela de guerra de las Américas, reconociendo la “autoridad de los que tomaban el poder durante la dictadura”, quienes perpetraron cuando no permitieron el asesinato genocida en masa de miles de personas SIN JUICIO previo, ni orden institucional, ni cualquier clase de autoridad moral frente a los secuestros oficiales, torturas reiteradas sistemáticas, fusilamientos sin juicio, asesinatos pretendiendo enfrentamientos inexistentes, violaciones sistemáticas de mujeres indefensas, prisioneras, asesinato tras torturas, apropiaciones sistemáticas de bebés de las prisioneras, desaparición de personas, ocultamiento de identidad de los bebés, persistencia en no entregar listados de desaparecidos y apropiados, falta de reconocimiento de las faltas gravísimas incurridas, falta de arrepentimiento, persistencia en amenazas, amedrentamientos, desapariciones en tiempos de ejercicio pleno de la democracia, y otras barbaridades tildadas de lesa humanidad.

Lamento que haya gente que festeje esto.

El presidente Obama, así como debería pedir disculpas por los genocidios y guerras violentas perpetradas en países distantes para apropiarse de sus recursos naturales, y en el nuestro también, debería disculparse por haber su país ofrecido el ALCA, los TLC que bien sabe que son de conveniencia para los empresarios de los grandes consorcios internacionales que representa, no para beneficio de la gente de nuestros países, y por su apoyo a Inglaterra de su apropiación desde 1833 de nuestras islas Malvinas, y de otras del Atlántico Sur.
Su silencio en estos temas es complicidad.

Una respuesta to “Dictadura del 76. Desentrañando verdades y engaños.”

  1. Jorge Rial Says:

    Callate viejo pelotudo, no sabés nada de política internacional. Sos un viejo pajero.

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