Comparto excelente artículo que describe el escándalo y traición a la humanidad de las negociaciones climáticas en curso y la COP21. La COP21 se devela como una asociación ilícita global para encubrir el mayor crimen de lesa humanidad de la historia. Pablo Bergel.

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Clima: ¡El proyecto de acuerdo es inaceptable! ¡No a los crímenes climáticos!

Jueves 15 de octubre de 2015, por Maxime Combes
Palabras clave > Clima, energía campaña > Cambiemos el sistema, no el clima cid:image001.png@01D108D9.12BFA510
Un nuevo texto, que acaso prefigura lo que podría ser el acuerdo de París en ocasión de la COP21, fue hecho público por la ONU. Es inaceptable. Haciendo suyo este texto, los negociadores de los Estados aceptarían que el caos climático pase a ser el horizonte insuperable de la humanidad. Debemos rechazarlo. Es el precio a pagar en aras de un sobresalto de la conciencia política y ciudadana.

Como la de los letales aviones de guerra es la agresión que desde el ambiente realiza el hombre que contamina, enferma y no resuelve evitarlo .

Como la de los letales aviones de guerra es la agresión que desde el ambiente realiza el hombre que contamina, enferma y no resuelve evitarlo, ni se ocupa de enmendar.

Los dos presidentes y facilitadores de la negociación, Ahmed Djoghlaf y Dan Reifsnyder, hicieron público un nuevo texto el lunes 5 de octubre (disponible aquí en pdf), a menos de quince días de la última ronda de negociaciones intermedias en Bonn (19 de oct. – 24 de oct.). Para la gran satisfacción de numerosos comentaristas y periodistas, este texto no tiene más que una veintena de páginas, contra más de noventa para los textos que le precedieron. Para algunos, es una “avanzada”, un texto “más corto, más legible (…) más fácil de manejar” que “permitirá hacer avanzar las negociaciones”.

Sin embargo, este texto no es aceptable, por estas razones, expuestas en 10 puntos:

1. El núcleo del problema: los objetivos de reducción de emisiones de los países no forman parte de la negociación

Por más increíble que esto pueda parecer, los objetivos cuantificados de reducción de emisiones post-2020 que los Estados están invitados a hacer públicos antes de la COP21 no forman parte de los temas de negociación. Estos objetivos, no vinculantes y voluntarios, y hoy muy insuficientes, no se revisarán al alza como efecto de las negociaciones. Sin embargo, la suma de todas estas promesas está muy lejos de lo que se necesita : allí donde los Jefes de Estado y de Gobierno se comprometieron a seguir a 2°C de calentamiento global máximo de aquí a finales del siglo, sus promesas de reducción de emisiones conducen a un calentamiento atmosférico de al menos 3°C. Sería lógico que la diferencia entre lo previsto y el objetivo sea objeto de negociaciones y que se reparta entre los Estados. Lógico, pero no será así en París. Esto no figura en el orden del día de la negociación. ¿Qué figura en el orden del día ? Saber si los objetivos que los Estados han puesto sobre la mesa se llaman “contributions” o ” commitments ” (compromisos en lenguaje onusiano); cómo se los mide, se los verifica y se los contabiliza. En resumen, en la ONU, se está negociando el continente. No el contenido.

2. La ONU y los Estados tienen previsto negociar con el calentamiento climático

El artículo tres de este proyecto de texto resulta emblemático de la inconsistencia del texto y el peligro que hace nacer. Los científicos del clima han expuesto claramente los objetivos de corto, mediano y largo plazo, así como las hojas de ruta, que permitirían permanecer por debajo de 2°C de aquí a finales del siglo – o mejor 1,5°C. Preconizan así reducir de 40 al 70% las emisiones mundiales de aquí a 2050, considerando que debe alcanzarse un máximo de emisiones de aquí a 2020 y que habría que reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero a 44 GT de CO2eq por año de aquí a 2020, 40 GT de aquí a 2025 y 35 GT de aquí a 2030. Ninguno de estos objetivos a corto y mediano plazo es mencionado en el texto. Los resultados y recomendaciones del IPCC son ignorados por este texto.

Oso polar famélico

Escuálido oso polar busca y no encuentra su alimento, porque le cuenta más encontrarlo, entre témpanos que se derriten, cada vez más alejados.

¿Qué propone el texto como objetivo a mediano o largo plazo? No se sabe. Puede ser un pico de emisiones para un año que habría que determinar, o términos aún más genéricos en torno de la neutralidad carbono, de zero-net emisiones, o de bajas emisiones. Otros tantos términos a la vez vagos, muy alejados de la precisión que requieren las negociaciones, y por demás problemáticos (véase más adelante). Además, los Estados son simplemente “invitados” a formular objetivos a largo plazo. En cuanto a sus objetivos a corto y mediano plazo, la negociación deberá determinar si los Estados los “deben alcanzar” o los “deberían alcanzar”. Una distinción entre “shall” y “should” que demuestra la ambivalencia de negociaciones donde se está dispuesto a ablandar los compromisos en cuanto se presente la oportunidad. La ONU y los negociadores proponen, por lo tanto, negociar con el clima. Esto no es aceptable: no se negocia con el cambio climático: el efecto de invernadero o las consecuencias del calentamiento en los territorios y la población no son negociables. Sólo es posible limitarlos y reducirlos. Es lo que la ONU y los Estados no parecen haber comprendido.

3. Un mecanismo de revisión mal previsto

Habida cuenta de la urgencia climática, los Estados deberían estar obligados a revisar periódicamente, y de manera más ambiciosa, sus objetivos de reducción de emisiones. Aunque es de buen sentido, este mecanismo no está claramente definido. El carácter progresivo, que obligaría a revisar al alza los objetivos, no es sino una opción entre otras. Mientras que las modalidades prácticas de este proceso de revisión no son precisas. Así, el proyecto de texto no prevé hacer el balance de la implementación de los objetivos de los Estados antes de 2023 o 2024,o sea en más de ocho años. Para entonces, nuevos récords mundiales de emisiones de gases de efecto invernadero se alcanzarán sin duda y la urgencia climática indudablemente se agravará aún más. Qué más da, ya que el dispositivo no prevé casos en que la urgencia climática obligue a los Estados a reducir más significativamente sus emisiones de gases de efecto invernadero. Mientras que sus propuestas de reducción de emisiones actuales no son aceptables en estas condiciones ya que todas las hipótesis requieren esfuerzos sustancialmente superiores, este dispositivo posterga por diez años – una eternidad frente a la intensificación de las consecuencias del desarreglo climático – toda posibilidad de revisar al alza los objetivos que los Estados se asignan. ¡Nada mejor para garantizarle a la humanidad un choque frontal a toda velocidad contra el muro del caos climático!

4. Un proyecto de texto que ignora el origen de más del 80% de las emisiones de CO2

Increíble bis. He aquí veinte páginas de un texto que se supone va a organizar una política internacional contra el desarreglo climático y que no menciona nunca las energías fósiles. ¿Es imaginable una conferencia internacional sobre el cáncer de pulmón cuyo documento de conclusión no mencione el consumo de tabaco? Sin embargo, esto es lo que pasa en la ONU en materia de clima. Este texto es además menos ambicioso en relación con las anteriores versiones que preveían la posibilidad de una reducción de las subvenciones a las energías fósiles. No se menciona eso ya. La disminución del texto – para alcanzar ese umbral de veinte páginas celebrado por los comentaristas – no ha sido hecha al azar: mientras que el sector de las energías fósiles recibe anualmente más de 700 mil millones de dólares de subvenciones públicas directas*, y que es sostenido, si se tiene en cuenta todas las ayudas indirectas, a la altura de 10 millones de dólares por segundo, el sector simplemente no se menciona. Perfecta confirmación del cisma entre la realidad de las negociaciones sobre el clima y la realidad de la globalizada huída hacia adelante del extractivismo.
Afirmamos entonces que la COP21 en París sigue desatendiendo las energías fósiles. ¿Por qué privarse de hacerlo? Las compañías petroleras, gaseras y carboneras ya se frotan las manos, repitiendo sin cesar que es ilusorio querer reducir drásticamente la parte de los fósiles en el mix energético. Esta ceguera de los negociaciones con respecto a las energías fósiles no es nueva. En más de veinte años de negociaciones de la ONU sobre el cambio climático, nunca ha sido cuestión de dejar todo o parte de las reservas de combustibles fósiles en el suelo, a pesar de que la combustión de energías fósiles representa al menos el 80% de las emisiones de CO2. Ningún Estado, ninguna multinacional y ninguna institución internacional propone limitar en la fuente la producción de carbón, gas y petróleo. Este proyecto de texto hace como si fuera posible reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sin reducir lo que las genera. Es imposible. Numerosos investigadores piden de ahora en adelante una especie de moratoria internacional sobre cualquier nueva exploración y explotación de energías fósiles. Se les unen en eso decenas de miles de ciudadanos de todo el mundo, exigiendo que se congelen al menos el 80% de las reservas probadas de energías fósiles (Llamamiento a firmar: Dejemos los fósiles en el suelo para acabar con los crímenes climáticos). Si este llamamiento pudiera convertirse en un texto de negociaciones, los Estados y la ONU enunciarían así pura y simplemente esta exigencia legítima y científicamente fundamentada cuya implementación es urgente.

5. No hay financiación adecuada

El artículo sobre la financiación es uno de los más vacíos de contenido del texto. No dice nada concreto. Como si movilizar los fondos que necesitan los Estados y las colectividades territoriales para efectuar una transición energética hacia economías post-fósiles, o incluso permitir que las poblaciones más afectadas por el desarreglo climático se adapten y hagan frente a sus consecuencias, no fuese una prioridad. El compromiso en Copenhague en 2009, consistente en asignar 100 mil millones de dólares de aquí a 2020 para sostener los países y las poblaciones más pobres, no se concreta. Todo se deja a la negociación, como si no hubiese sido posible avanzar sobre este tema en seis años. Los países más ricos se niegan a comprometerse de manera vinculante al respecto y hacen todo lo que está en su poder para convocar a otras fuentes de financiación, comenzando por el sector privado. Por último, no se propone ninguna hoja de ruta para indicar cómo van a mantenerse, o incluso aumentar, los compromisos financieros de los Estados en el curso del tiempo para hacer frente al agravamiento de los desarreglos climáticos.

6. La aviación y el transporte marítimo perdonados

La aviación y el sector del transporte marítimo involucran un 5% y un 3% de las emisiones mundiales de CO2 , o sea las emisiones respectivas de Alemania y de Corea del Sur. Desde siempre, estos dos sectores no están cubiertos por los objetivos de reducción de emisiones nacionales establecidos en el marco de las negociaciones internacionales. Hace varios años que numerosas organizaciones de la sociedad civil, luchan para que sean asignados a esos dos sectores los objetivos específicos, y que el casi décimo de emisiones de C02 que representan sea bien cubierto con un objetivo específico para la reducción de emisiones. Integrados en las versiones anteriores del texto, estos dos sectores hoy carecen de todo objetivo de reducciones de emisiones, mientras que las emisiones de estos dos sectores podrían aumentar un 250 % de aquí a 2050 en caso de darse un escenario Business as usual (BAU, “negocios como de costumbre, como siempre, como hasta ahora, sin modificaciones, sin medidas de restricción”). Los países menos desarrollados también habían pedido que estos dos sectores contribuyan a la financiación internacional de la lucha contra los desarreglos climáticos, propuesta que ya no aparece en esta versión del texto. Mientras que los gobiernos de los Estados más poderosos, comenzando por el Gobierno francés, no cesan de repetir que es preciso obtener un ” acuerdo universal”, este texto deja cerca de un décimo de emisiones de CO2 fuera del proyecto de acuerdo. Si este texto fuese validado como base de negociaciones, ello equivaldría a legitimar que dos sectores considerados fundamentales para la globalización económica se salven de las políticas de lucha contra los desarreglos climáticos.

7. Un plan para el Desarrollo de las energías renovables

En una nota publicada en 2011, el IPCC afirmaba ” que casi el 80% del aprovisionamiento mundial de energía podría ser cubierto por fuentes de energías renovables a mediados de este siglo si el esfuerzo es apoyado por políticas públicas adecuadas “. Los negociadores han comprendido perfectamente la recomendación del IPCC. Digamos casi. El texto no presenta ninguna mención de las energías renovables: el término no aparece, como tampoco un plan de despliegue a escala internacional o un dispositivo de apoyo financiero y técnico. Parece como si estuviésemos soñando despiertos. Y sin embargo no, eso es lo que ocurre: si este texto sirviese de base para la negociación, las 196 partes de las ONU habrían logrado la increíble hazaña de negociar cerca de veinticinco años a propósito del calentamiento del clima sin decidir nunca nada que pueda sostener el despliegue de las energías renovables. Durante este tiempo, el organismo de solución de diferendos (OSD) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) anuló varios planes nacionales y regionales de apoyo a las energías renovables. ¿Motivos? Estos planes no han sido considerados conformes a las normas del comercio internacional. De hecho, al negarse a oponerse a esta lógica, los negociadores de los Estados Miembros de la ONU confirman que ¡conceden más importancia a las normas del comercio internacional que a la lucha contra los desarreglos climáticos!

8. Relegar los derechos humanos, sociales y políticos a un artículo sin valor

Los redactores de este texto han logrado la hazaña de reagrupar los derechos humanos, la igualdad de género, los derechos de las poblaciones indígenas, así como el conjunto de los elementos que hacen que una sociedad pueda seguir siendo una sociedad en caso de severos impactos de los desarreglos climáticos (seguridad alimentaria, políticas sociales, transición justa, trabajo decente, etc.) ¡en un solo y único párrafo ! Un párrafo que no quiere decir gran cosa si no es que agrupa a un conjunto de temas y cuestiones sobre las que luchan una gran mayoría de organizaciones sindicales, humanitarias, campesinas, asociativas, etc. ¿Y qué dice este párrafo ? Que se debe respetar y tener en cuenta todos estos desafíos. Palabras se han pronunciado más incisivas y vinculantes. ¿Donde figura este párrafo ? En el preámbulo de lo que sería el texto de resolución surgido de la COP21. Lo que significa que no se mantiene ninguna mención de estos retos fundamentales en el centro del dispositivo jurídico que debe gobernar las negociaciones sobre el cambio climático a partir de 2020. En pocas palabras, este párrafo no tiene ningún valor. Estos objetivos y principios quedan por lo tanto marginados, como raras veces en un texto emanado de la ONU. ¿Pensaba Ud. que la Conferencia de París podría ser un paso importante en la perspectiva de una transición energética mundial, apoyándose en la justicia social, los derechos humanos y la soberanía alimentaria? Despiértese, esto no será así.

9. Un debilitamiento generalizado de la Convención Marco de la ONU

En perfecta consonancia con el punto anterior, el proyecto de texto debilita considerablemente los principios de la Convención Marco de las ONU sobre el cambio climático, redactada y aprobada en 1992 en Río de Janeiro (Brasil). Esta Convención está lejos de ser perfecta. Pero se basa en una serie de principios que procuran asegurar criterios de justicia entre los distintos países y las diferentes poblaciones del planeta: todo el mundo no es igualmente responsable de la crisis climática y no dispone de los mismos medios para hacerle frente. Esta realidad se inscribe en el marco del principio de la responsabilidad común pero diferenciada. Este principio, ampliamente edulcorado con el paso del tiempo, nuevamente lo es aquí: El artículo 2 se limita a indicar que el texto de acuerdo “refleja” este principio, dejando abiertas todas las interpretaciones posibles.

10. Las ideas peligrosas no están excluidas

Muchos puntos podrían ser citados aquí. Limitémonos al concepto de emisiones “netas cero”, que es una de las opciones del objetivo de largo plazo previsto en este texto. El término “emisiones neta cero” puede parecer similar al término ” cero emisión”, y así obtener un apoyo equivalente. Sin embargo, ambos conceptos tienen significados y efectos muy diferentes. Añadir “neto” a un objetivo de “cero emisión” desnaturaliza totalmente el objetivo inicial. En lugar de exigir reducciones de emisiones reales, la contabilidad neta alienta la compensación carbono a escala mundial y masiva. Esta compensación podría movilizar millones de hectáreas de bosques y de tierras arables para almacenar carbono resultante de las emisiones de gases de efecto invernadero que no quedarían eliminadas. Muchas comunidades vulnerables de los países del Sur ya han perdido sus tierras y visto su seguridad alimentaria comprometida en razón de estos dispositivos de compensación carbono. En lugar de extraer las lecciones, los negociadores podrían generalizar estas prácticas, fijando un objetivo a largo plazo de “emisiones netas cero”, socavando los derechos sobre tierras y la soberanía alimentaria de las poblaciones locales.
Conclusión: ¿Por qué rechazar este texto si es la única alternativa seria que tenemos?

Es en 2011, en Durban, que los Estados dieron mandato a las negociaciones de la ONU de lograr de aquí a fines de 2015 un acuerdo sobre un protocolo, otro instrumento legal o una solución concertada con una fuerza legal “que constituya la continuación del Protocolo de Kioto (cuyo segundo período de compromisos termina en 2020). Desde la Conferencia de Durban, 85 jornadas de negociación han tenido lugar. Cerca de tres meses en acumulado. Negociaciones que requirieron una cantidad increíble de emisiones para desplazar negociadores de los cuatro rincones de la tierra y durante las cuales numerosos huracanes, tormentas, inundaciones y sequías han asolado a numerosas regiones del mundo. No se puede decir que a los negociadores y los Estados les haya faltado tiempo para tomar conocimiento de la gravedad de la situación y para trabajar en la perspectiva de un acuerdo que esté a la altura de los problemas. Sin embargo, este texto no está a la altura de los problemas. Al contrario, nos conduce al caos climático y establece el delito climático como modo de regulación de las consecuencias de los desarreglos climáticos. Esto no es aceptable.
Algunos comentaristas afirman en todas partes que disponer de un texto más corto es un progreso y que debería aceptarse como base de negociación, para luego mejorarlo. Continúan diciendo que si este texto debiera ser rechazado, esto equivaldría a iniciar la quincena de negociaciones en París con un texto más largo y menos legible y comprensible todavía. Por supuesto.;; Pero ¿qué relación con la urgencia climática? El objetivo es de tener cualquier acuerdo de París ¿o bien tener un acuerdo a la altura de los desafíos? ¿Qué significa aceptar ese texto como base de negociación, cuando es sabido, a reserva de un mínimo de lucidez, que no podrá ser mejorado radicalmente? ¿Por qué dejar creer que podría mejorarse de manera significativa cuando ya resulta de propuestas mínimas de los Estados ?
ONG, sindicatos, organizaciones sociales y ambientales deben pronunciarse sobre el fondo, y no sobre la forma de las negociaciones: este texto ¿es apto para responder a la urgencia climático dentro de una perspectiva de la justicia social? En absoluto. Esto debería ser ampliamente suficiente para rechazarlo de manera unánime y clara. ¿Cuál es el riesgo? ¿Bloquear las negociaciones ? ¿Retrasarlas? ¿Crear una crisis política en el seno de la UNFCCC? Eso es atribuirnos demasiado poder frente a los Jefes de Estado y de Gobierno, y los negociadores, que no nos escuchan.
Aceptar ese texto como base de negociaciones equivale más o menos a ¡explicitar que las negociaciones están en buen camino! Este no es el caso. ¿Por qué no decirlo? ¿Por qué no expresar explícitamente nuestra consternación frente a negociaciones que nos conducen a la catástrofe climática? Rechazar claramente este texto porque no está a la altura de los problemas, es indicar explícitamente a la opinión pública que hay un problema. Es generar una tensión política saludable. Es crear un acontecimiento para aclarar las cuestiones en juego, para levantar las velas y obligar a todo el mundo a poner las cartas sobre la mesa. Dicha propuesta equivale a alertar a la opinión pública y explicar claramente que detrás de los bonitos discursos, no hay nada. Finalmente, es desempeñar nuestro papel de lanzadores de alerta. Si no lo hacemos, ¿quién lo hará en lugar nuestro?

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  1. Cumbre Climática: Por dónde pasan los debates y cuáles son los desafíos de los movimientos sociales | FEMENINO RURAL Says:

    […] |1| Ver artículo de Maxime Combes: “Clima: ¡El proyecto de acuerdo es inaceptable! ¡No a los crímenes climáticos!. Disponible en: https://filatina.wordpress.com/2015… […]

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