LA BIBLIA Y EL CALEFON. LA VIRGEN Y LOS PROSTIBULOS.

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El freno tenía unos apliques que brillaban como la luna de plata en las nochecitas de enero. El alazán estaba erguido como si supiera el rol que comenzaba a cumplir, mientras el hombre lo ensillaba despacio haciendo honor a un rito centenario.
Chupé el mate con paciencia, los años me fueron domando los bríos y me enseñaron que cuando no hay que decir más vale esperar.
La tarde nos quedaba grande a los dos, mientras el sol se iba apagando de a poco.
Cuando terminó el ritual de vestiral caballo para la presentación el hombre tendió la vista hacia mí, y dijo lo que yo esperaba.
“Me comentaron que le dieron varios premios por eso que usted hace y escribe”, entonces con cautela contesté evadiendo, estábamos demasiado solos como para apurarme.
“Se ve que estamos escasos de voluntarios, y eso hace que algo tan insignificante como lo mío resulte premiado”.
Un brillo fugaz se le escapó de la mirada mientras hizo rechinar los dientes, como necesitando acomodar las palabras.
“¿De veras cree que va a cambiar algo, además de conseguir que la caguen a tiros?”, había algo de sinceridad en la voz, no estaba especulando.
“Algo debe estar cambiando porque por primera vez en años la gente se cuestiona, además de pensar que estoy loca, se están cuestionando”, lo dije a medias como tanteando las arenas de la conversación.
Le dio unas palmaditas al caballo y lo acarició con un cariño que contagiaba. El alazán asintió con un movimiento de cabeza como si entendiera. “Señora”, no dejé que siguiera..
“Alicia –por favor”, “Bueno Alicia, han cerrado varios lugares, ha hecho un escándalo nacional y se ha ganado unos cuantos enemigos, bastante pesados”, al terminar bajó la mirada.
“Y los que me voy a ganar todavía, esto empieza porque recién ahora nos están dando algo de bolilla”, callé para ver su reacción.
“Usted sabe que en febrero me voy todo el mes, a caballo hasta la Virgen de Itatí; ida y vuelta…”
“Que hermosa peregrinación” y me quedé de nuevo callada…..
“Y usted sabe que en el camino voy a parar en los prostíbulos, porque las chicas también tienen que comer”, siguió acariciando al caballo, esperando mi reacción.
“Pero le ofrece la peregrinación a la Virgencita….”
“Mire es el oficio más viejo…”
A mi me parece que es la forma de violación encubierta más antigua, permitida, aplaudida, promovida”
Se tomó el tiempo para contestarme, no porque mi opinión le importara, sólo que no estaba apurado.
“Igual voy a ir”.
Ya no quedó nada para decirle, o tal vez me estoy poniendo vieja de luchas y me canso rápido.
La noche comenzó a entrar por el camino aguadalado, caminando lento, tan lento como el trote del alazán que se iba alejando. Más se acercaba la noche, más se perdía el caballo en la inmensidad.
El hombre se fue apenas saludando, erguido en la silla de montar como si el orgullo le mordiera los talones. Se fue esquivando, con una excusa a medias para justificar su partida repentina.
Me arrimé al resto de los invitados y Nadie preguntó demasiado, Nadie quiere saber demasiado.
La Biblia y el Calefón, la Virgencita de Itatí y los prostíbulos enraizados en su ruta. 
Las dos caras de una misma moneda, como el Corazón de Jesús que se tatúan los fiolos en sus pechos para que no le entren las balas.
Quizás, el hombre a la vuelta reparta en los prostíbulos estampitas, para que lo recuerden, devoto de la Virgen de Itatí, Quizás alguna vez nos llamen para auxiliar a una chica que tenga en su bolsito de plástico una estampita de la Virgencita de Itatí…

Alicia Peressutti.

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