NO SÓLO LOS CINES SUELEN ESTAR VACÍOS.

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Desde FILATINA siempre hemos tenido preocupación por el derroche que se hace TODO EL TIEMPO, en Argentina. Y nos hacemos la película, pensando en un país mejor, más eficiente, más productivo.

Así, los productores agropecuarios hacen denodados esfuerzos para mantener su producción de alta calidad, en condiciones aptas para el consumo o la exportación, incluyendo miel, leche, huevos, granos, carnes, y demás, mientras hay sistemas que coexisten que oficialmente hacen ineficiente su esfuerzo: malos caminos, a veces de tierra o piedra suelta (porque no se hicieron los caminos, o se cerró el ferocarril), largo trayecto hasta el puerto de embarque (porque no se hicieon los puertos, se cerró el ferrocarril o hay que hacer recorridos largos por falta de caminos directos), falta de agua (porque no se hicieron los acueductos, ni reservorios artificiales), o falta de eficiencia en los sistemas de comercialización, de transparencia, por intermediaciones innecesarias, por impuestos gravosos, por tramitaciones que se podrían facilitar o evitar.

En otra escala, hemos contado en el centro de la ciudad de Buenos Aires, tres kioscos en sólo dos manzanas, o tres verdulerías en tres manzanas, muchos barcitos, restaurantes muy próximos, o en ciertos barrios en pocas cuadras varios almacenes, autoservicios, ferreterías, kioscos de diarios, de golosinas, todos puestos lo mejor posible, todos con una o muchas personas sentadas o paradas buena parte del día, que NO PRODUCEN, dedicadas a esperar algúnun cliente que pase en su horario amplio de atención, para acercar la mercadería de otros al potencial consumidor.

Desfilan incesantemente vendedores en todos los trenes, uno por vez, decenas por viaje, sólo para dar curso a una malentendida “comodidad” de los pasajeros: no siempre sentados mientras viajan, compran revistas, diarios, candados, pilas, libros, CDs, DVDs, películas, músicas, guías de calles, estampitas, pan casero, alfajores, billeteras para el bolsillo del caballero, aspirinas, hebillas, panchos, gaseosas, cerveza, linternas, portadocumentos, destornilladores, pinceles, herramientas ajustatuercas, broches, lapiceras, bolsos, controles universales, fundas plásticas, y un sinnúmero de innovaciones más o menos inteligentes. Todas actividades improductivas, nada que no se podría comprar en un kiosco, ferretería o bar, en cualquier ubicación, antes o después del viaje.

Miles de personas en Argentina están crecientemente abocados a ocupaciones improductivas.

Grandes esfuerzos, (como en el caso de los cartoneros, que trabajan muchas horas por día, con poco rendimiento, incluyendo el tiempo perdido en el viaje) que no están acompañados sino dificultados o perseguidos por las autoridades (como cuando cerraron todos los industriales, o impusieron condiciones que dificultaban o imposibilitaban la exportación), o como cuando intentan imponer impuestos tan altos que paralizan un sector, en vez de buscar incentivarlo para que funcione mejor.

En el caso del campo, se castigaba a los que más producían, era como estar invitando a los campesinos a producir menos, una barbaridad: los más eficientes pagan más impuestos.

¿Cuándo el impuesto que una persona paga es suficiente?

Se debe buscar la manera de que todos sean ricos, no de que no haya ricos.

Se debe procurar que no haya pobres, no de que todos sean pobres.

No es verdad que los ricos lo son porque hay pobres, por lo menos no es así en la mayoría de los casos.

Al contrario, una persona emprendedora que se enriquece, creará más negocios que significan más empresas, con más fuentes de trabajo. Se podría incentivar que hubiera una participación de los empleados en el emprendimiento, que genera espíritus más cooperativos. Pero en el sistema actual, la responsabilidad empresaria recae en el dueño, empresario iniciador, y el empleado a veces no está en condiciones de acompañar económicamente la empresa.

Es un problema de nivel de ingresos, pero también de tomar conciencia de la importancia de generar ahorros: si no se generan recursos ahorrrando, no hay capital, y sin capital es muy dificial producir empresas.

Lo que no se está evitando son las especulaciones, la corrupción, las avivadas, los sobreprecios en las compras, los dineros ilegales, las estafas oficiales, las compras innecesarias, la falta transparencia, la falta de información.

Cordialmente con este esbozo de propuesta que podemos completar,

Pablo Luis Caballero, de FILATINA.

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