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Quien sabe que se comete un crimen y no lo denuncia, es un cómplice.
Martín, Pañuelos en Rebeldía. www.pañuelosenrebeldia.com.ar |
Gentileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda@msn.com
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Quien sabe que se comete un crimen y no lo denuncia, es un cómplice.
Martín, Pañuelos en Rebeldía. www.pañuelosenrebeldia.com.ar |
Gentileza de Arturo Avellaneda arturavellaneda@msn.com
Una persona está siendo buscada y perseguida por los estamentos mafiosos intragubernamentales de países dominantes por haber descubierto y divulgado acciones delictivas gravísimas, apañadas y apoyadas por el poder instituído, y silenciadas por las cadenas de complicidades del crimen organizado del sector oficial.
Las matanzas como la de civiles desarmados por soldados norteamericanos uniformados en ejercicio de su poder real, no debe ocultarse, es oprobioso en cualquier circunstancia y se debe condenar. Para eso hay que saberlo, y desde los eslabones podridos del poder instituido y sus cadenas mafiosas dentro de la diplomacia oficial se ocultaba.
Los dineros mal-habidos del narcotráfico, el crimen organizado, de la trata de personas, del tráfico de armas, de las coimas de los funcionarios públicos, de los periodistas que cobran por no informar, y los de negociados de los gobernantes, los industriales mafiosos o evasores, los lavadores de dinero, de los secuestros extorsivos, los negocios espurios de la diplomacia, los negociados de los gobernantes que pasan valijas llenas de dólares por las aduanas, los que los tienen en el placard, los que los llevan a depositar a paraísos fiscales para protegerlos del corralito, los que se ocultan en los grandes bancos de renombre y del secreto, de los asesinatos políticos por encargo o conveniencia, etc
Es bueno que el mundo conozca con qué bueyes se ara en la diplomacia, en los gobiernos, qué medidas toman los que ofician de “sus autoridades”, porque es de consecuencias nefastas por su alcance internacional, enquistados en los órganos de información y aun entre quienes realizan esas operaciones secretas conspirativas en perjuicio de intereses ajenos como son los nuestros.
Desde el derrocamiento de un gobierno, su desestabilización, sembrado de pruebas maliciosas, desinformaciones, hasta el asesinato de gobernantes para apropiarse del poder de terceros países, todo es posible para estas mafias instituidas en gobiernos oficiales ocultas y sin límites, a las que hay que descubrir, denunciar y eliminar.
Y entonces apareció Julián Assange, descubrió una parte el fraude a la opinión pública, por ocultamiento y desinformación y felizmente difunde. Esperamos ansiosamente el resto de la información. Es esclarecedora y sustanciosa, imprescindible para enterarse de una parte de todo lo grave que antes de él maliciosamente se ocultaba.
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A partir de aquí, toda clase de desinformaciones, acusaciones e idioteces surgen desde el poder mafioso vulnerado. Y cierta prensa que siempre fue cómplice lo divulga, <como si fuera cómplice>.
Así dirán que desestabiliza el poder mundial, que son secretos de estado que deben conservarse celosamente, que es traición de cualquier grado. Pretenden perseguir al responsable del acto heroico, apresarlo, condenarlo en una parodia de juzgamiento con final preestablecido y matarlo en pena de muerte, accidente inevitable o suicidio, aduciendo que es justicia.
Cuando el grave delito es en sí mismo lo que estaba oculto, y es por eso que habría que poner en práctica la pena de muerte pero para los culpables de esos crímenes de lesa humanidad que se ocultaban, muchos de los cuales son integrantes conocidos de gobiernos de reconocimiento público e imagen que hasta ahora era bien sostenida, mientras se pretende asolar al mensajero que sólo nos trae la noticia, acusándolo de haberse enterado y difundirlo.
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FALSAS ACUSACIONES DISTRAEN LA ATENCIÓN DEL DESPREVENIDO.
Parte de las acusaciones que se le hacen nada tienen que ver con las gravísimas informaciones sobre acciones violentas, ilegítimas e ilegales de los gobiernos, ni tampoco las cosas que se difundieron y son meramente para desacreditar al mensajero denigrándolo, intentando descalificar la información por él difundida. Una de ellas es respecto de una mujer que se decía que la había había violado, lo que ella misma desmiente en mensajes y comentarios realizados previamente a sus amistades.
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Por Heinz Dieterich, analista. (Su opinión)
Los servicios secretos de Israel y de la CIA han logrado otra gran victoria en su guerra cibernética. Después de estropear las centrífugas del programa nuclear iraní (Natanz) mediante un software maligno (Stuxnet), consiguieron utilizar a Wikileaks y Julian Assange como vector (portador) de agresión cibernética a gran escala, contra sus “enemigos”. El método es el usual de la guerra informática: mezclar documentos verdaderos, pero triviales, con las falsificaciones que sirven como misiles teledirigidos contra los verdaderos blancos.
La autoría de esa agresión cibernética se aclara con el axioma de la criminalística Cui bono, es decir, ¿A quién beneficia el crimen? El patrón de los documentos proporciona la respuesta: a Israel, Washington y el imperialismo occidental en general, incluidos sus satélites mercantil-feudales árabes. Perjudica groseramente con sus mentiras a una serie de blancos particulares, como: Irán, que supuestamente es odiado por el mundo árabe; China, que presuntamente acepta el futuro dominio estadounidense sobre Corea del Norte; Brasil, cuyo ministro de Defensa Nelson Jobim sería informante de Washington; Bolivia, cuyo presidente Evo Morales tendría un gran “tumor” en la cabeza y la Venezuela bolivariana, que sería refugio de ETA y las FARC, al igual que Cuba.
Además de las agresiones concretas, la “Operación Wikileaks” prepara el control ideológico estricto sobre Internet y los portales progresistas. Un mundo fundamentalmente anti-democrático, como el capitalista-burgués actual, no puede permitir el libre flujo de información y debates en Internet. Declarar Wikileaks una organización terrorista y matar o encarcelar a Assange, como han solicitado importantes sectores de la clase política estadounidense, sería un gran paso adelante en la Gleichschaltung hitleriana (uniformización mental) que los amos del sistema requieren ante la crisis capitalista mundial. Otros portales, como http://www.kaosenlared.net y http://www.aporrea.org, aparecerían pronto en el index librorum (lista negra) por apología de la violencia y antisemitismo.
La autoría del delito israelí-estadounidense cibernético no sólo se revela ante el principio cui bono del Derecho Romano, sino también ante la absurda pretensión logística, de que un joven soldado homosexual, Bradley Manning, de la 10ª División de Montaña de Estados Unidos, estacionado en una remota base militar en Irak (FOB Hammer), pudo seleccionar, copiar y reenviar 260.000 documentos clasificados (!¡). Si Manning hubiera podido hacer esto, dejaría a Bill Gates como un mero aprendiz de computación.
La obstrucción de las centrífugas nucleares de Irán en 2010, en Natanz, siguió el ejemplo de una exitosa operación de la CIA contra un gaseoducto de la Unión Soviética, en los años ochenta, llevado a cabo bajo el mando de William Casey. Cuando la CIA se enteró que Moscú iba a comprar o piratear un sofisticado software canadiense para las bombas, turbinas y válvulas de un nuevo gaseoducto en Siberia, no bloqueó su venta, sino insertó, en contubernio con la empresa canadiense, una bomba lógica, un malware (Trojan horse) en el software, que alteraba los parámetros de velocidad y presión en el sistema, haciéndolo estallar en 1982.
La operación contra el centro nuclear iraní de Natanz sigue ese mismo modelo. Los servicios occidentales infiltraron las redes de compra de Irán para el nuevo reactor e insertaron en el software de las centrífugas el gusano electrónico “Stuxnet”, desarrollado a todas luces por la Inteligencia Militar israelí. Al igual que el “Caballo de Troya” de 1982, el Stuxnet hace fluctuar las velocidades y presiones de las centrífugas, las cuales, actuando en cadena, se destruyen. Se calcula que la capacidad operativa de las centrífugas en Natanz se redujo en un 30 por ciento por el ataque informático.
El modo de operación de la CIA y del Mossad abarca tres pasos. 1. Necesitan información preliminar sobre los planes del “enemigo”. En el caso de Wikileaks, Adrián Lamo, un hacker con quien Mannings correspondía, informó al FBI. 2. Sobre esa información deciden en qué forma actuar. En el caso de la URSS, de Natanz y de Wikileaks, resolvieron no bloquear de frente la operación planeada, sino aprovecharla para una operación cibernética propia de contrainteligencia. 3. Los grandes medios de adoctrinación burguesa y los gobiernos respectivos manipulan los eventos creados por ellos, durante largo tiempo. En ese sentido, los documentos de Wikileaks serán como la segunda computadora de Raúl Reyes. Una fuente inagotable de guerra psicológica y física contra los adversarios del Imperio.
Las operaciones cibernéticas y de desinformación son solo un aspecto de los proyectos de desestabilización de Estados Unidos e Israel, como demuestra su exitoso programa de asesinatos de científicos nucleares iraníes. Venezuela, con su extensa red de gaseoductos y oleoductos, cuyo software es parcialmente operado desde satélites, con su monoestructura eléctrica, con la fragilidad de su Metro, con sus fronteras selváticas y marítimas abiertas y una fuerte quinta columna adentro, tiene que prepararse muy bien, para neutralizar la embestida que Washington-Tel Aviv tienen preparada para el país de Bolívar.
****Hay piratas simpáticos, como Robin Hood:****
Un grupo de piratas cibernéticos, conocido como “Anonymous”, comenzó la Operación Devolución y bloqueó las páginas de todas las empresas que cerraron las cuentas por las que el sitio de Julian Assange recibía donaciones.
La paranoia de varios gobiernos ante las filtraciones de WikiLeaks, encabezada por el de los Estados Unidos, provocó que un ejército de ciberpiratas lanzara la primera guerra de la era de la información.
La Operación Vengar Assange (OVA), organizada por hackers a raíz del cerco que está sufriendo el sitio y su creador, Julian Assange, consiguió derribar parte de los sistemas informáticos de Mastercard, prueba del poder de la movilización espontánea.
La compañía de crédito había decidido el martes cerrar la cuentas del sitio, al igual que Visa y PayPal, para impedirle recibir donaciones. El director de esta última compañía, focalizada en pagos online, admitió haber recibido presiones del gobierno de los Estados Unidos para tomar tal determinación.
Por otra parte, WikiLeaks continuó filtrando documentos pese a la detención de su fundador. Entre los cables más importantes, se encuentra uno que revela que Libia amenazó al Reino Unido con “terribles” represalias comerciales si no liberaba al acusado del atentado contra el avión de pasajeros de Pan Am que cayó en la localidad escocesa de Lockerbie en 1988.
En un canal de IRC (Internet Relay Chat) desde el que está dirigiéndose el ataque contra Mastercard, el moderador estableció como título “Operación Payback. Objetivo: www.mastercard.com Hay algunas cosas que WikiLeaks no puede hacer. Para lo demás está la Operación Payback.”
A mediodía de ayer, más de 1800 bots (robots cibernéticos) inundaron con ataques la página de Mastercard. La empresa reconoció dificultades en algunos de sus servicios.
”La primera guerra de la información ha empezado. Envía por Twitter y coloca esto en cualquier lugar”, proclamaba uno de los ciberpiratas. Otros solicitaban que el grupo dirigiera sus ataques contra PayPal, VISA e incluso la organización Fox News.
Hackers es despectivo. Pero los responsables de Anonymous, como se autodenomina el grupo de hackers, mantienen el ataque contra Mastercard. “Por favor, dejar de sugerir nuevos sitios. Los líderes de ‘Anon’ han decidido que mastercard.com debe permanecer apagado. De esa forma afectaremos el precio de sus acciones. Gracias”, explicaba otro usuario.
Anonymous también consiguió afectar gravemente el funcionamiento de PostFinance, el banco suizo que también bloqueó su cuenta a WikiLeaks, y a la firma de abogados suecos que representa a las dos mujeres que han acusado a Assange de abusos sexuales, e incluso a la fiscalía.
<Los piratas pueden ser corsarios al servicio de una buena causa. Observación del traductor>
Anonymous es un colectivo de ciberpiratas que se reúne habitualmente a través de la página web <4chan.org>, un simple sitio de Internet que es utilizado por sus usuarios para colgar mensajes, fotografías o simplemente discutir de política.
Este no es el primer ataque lanzado por Anonymous. Se considera que el grupo ha facilitado la identificación y arresto de varios pederastas, y es responsable del Proyecto Chanology iniciado en 2008 para protestar contra la Iglesia de la Cienciología. “Aunque no estamos afiliados con WikiLeaks, luchamos por las mismas razones. Queremos transparencia y atacamos la censura”
LAS ISLAS MALVINAS , SHETLAND Y SANWICH DEL SUR SON ARGENTINAS COMO EL MAR AUSTRAL CIRCUNDANTE Y UN AMPLIO SECTOR DE LA ANTÁRTIDA EN PROYECCIÓN, Y ESTÁN EN MANOS DE LOS PIRATAS INGLESES LADRONES, ROBADAS Y APROPIADAS PESE A NUESTROS RECLAMOS DESDE 1833 !
Sus compañeros en la rebelión fueron otros dos gauchos y cinco charrúas agauchados: Juan Brassido, José María Luna, Manuel González, Luciano Flores, Felipe Zalazar, Marcos Latorre y Manuel Godoy.
Su sublevación implicó la muerte del autoproclamado gobernador británico y la de algunos de los principales colaboradores de tal funcionario colonial.
Las actas y documentos escritos que han llegado a nuestros días fueron efectuadas por los mismos británicos quienes consideran la rebelión de Rivero como el “amotinamiento de unos delincuentes” tratados peyorativamente y racistamente de “gauchos” e “indios salvajes”, en esas documentaciones apenas sí se traslucen las causas de los hechos (se omite que los gauchos y los charrúas eran argentinos que intentaban mantener la soberanía argentina), apenas se menciona que a los “gauchos” e “indios” que habían podido quedarse en Malvinas se los usaba como peones en duras tareas y se les pagaba sólo con “vales”, también se hace mención de que Rivero y sus compañeros arriaron la bandera británica y enarbolaron una improvisada bandera argentina.
El alzamiento fue derrotado rápidamente después de que el Reino Unido enviara una expedición para “pacificar” las islas, y los rebeldes llevados prisioneros a Londres. Aunque se exigió para ellos la pena de muerte, el tribunal inglés que les juzgó los absolvió al reconocer que sus acciones bélicas habían sucedido fuera de los dominios de la corona.
En cuanto a la muerte de Antonio Rivero existen dos versiones, una asegura que murió el 20 de noviembre de 1845 combatiendo en la Vuelta de Obligado, otra versión sugiere que falleció de muerte natural.
La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha y al norte de la provincia de Buenos Aires, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado, Partido de San Pedro. Enfrentó a la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas y a la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizó bajo el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo.
En 1845, el general Juan Manuel de Rosas gobernaba por segunda vez la Provincia de Buenos Aires, mientras que la Banda Oriental se encontraba en medio de una guerra civil entre los caudillos Manuel Oribe y Fructuoso Rivera. Oribe acudió a Rosas, buscando apoyo para recuperar el gobierno que había perdido ante Rivera, a lo cual Rosas accedió con aporte de tropas y armamento. Con esta ayuda, Oribe invadió el Uruguay y sitió la ciudad de Montevideo.
La intervención de fuerzas extranjeras exaltó los ánimos, y motivó que Gran Bretaña y Francia intervinieran en el conflicto, apoyando al Gobierno de la Defensa, auto-convocándose como mediadores en el conflicto. Rosas fue intimado a retirar sus tropas, pero rechazó la intimación. Inmediatamente, la escuadra porteña que bloqueaba Montevideo fue capturada por la flota combinada.
Con el desarrollo de la navegación a vapor – principalmente efectuado tal desarrollo en Inglaterra, Francia y Estados Unidos – ocurrido en la tercera década del siglo XIX, grandes navíos mercantes y militares podían remontar en tiempos relativamente breves los ríos en contra de la corriente, y con una buena relación de carga útil.
Este avance tecnológico acicateó a los gobiernos británicos y franceses que, desde entonces, siendo las superpotencias de esa época, pretendían lograr garantías que permitieran el comercio y el libre tránsito de sus naves por el estuario del Plata y todos los ríos interiores pertenecientes a la cuenca del mismo.
En el año 1811, poco después de la Revolución de Mayo, Hipólito Vieytes recorrió la costa del río Paraná buscando un sitio ideal en donde poder montar una defensa contra un hipotético ataque de naves realistas. Para este propósito consideró al recodo de la Vuelta de Obligado como el sitio ideal, por sus altas barrancas y la curva pronunciada que obligaba a las naves a recostarse para pasar por allí. Rosas estaba al tanto de sus anotaciones, y es por ello que decidió preparar las defensas en dicho sitio.
Rosas, opina el historiador Felipe Pigna, compartía con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No había tanto en Rosas y sus socios políticos y económicos una actitud fanática que se transformara en xenofobia ni mucho menos, sino una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional que les diera ulteriores derechos a copar el Estado, fuente de todos los negocios y privilegios de nuestra burguesía terrateniente.[1]
De acuerdo a análisis arqueológicos realizados en el año 2000, numerosas familias indígenas vivían por la zona y fueron expulsadas para construir las defensas.[2] El 13 de agosto de 1845 se le dieron instrucciones a Lucio Norberto Mansilla (padre del destacado escritor argentino Lucio V. Mansilla) para construir baterías costeras artilladas. Mansilla solicitó al Juez de Paz sanpedrino don Benito Urraco que le informase sobre el armamento existente y la población de entre 15 y 70 años, y que pusiera en estado de asamblea a la milicia activa. El día 22 pedía el envío de 30 tirantes de madera para la construcción de las baterías, y el 12 de noviembre envió a San Pedro al sargento mayor Julián Bendim, al mando de “ciento setenta y tantos” soldados de caballería e infantería, para proteger a la ciudad de un posible desembarco anglofrancés.
Sitio del Río Paraná en donde tuvo lugar el encuentro.
En el marco de la Guerra Grande, una flota anglo-francesa – integrada por 22 barcos de guerra y 92 buques mercantes – fue interceptada por tropas argentinas, al mando del general Lucio Norberto Mansilla. Los europeos disponían de 418 cañones y 880 soldados, contra seis barcos mercantes y 60 cañones de escaso calibre que les opuso Rosas.
Once buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre; estos navíos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época, impulsados tanto a vela como con motores a vapor. Una parte de ellos estaban parcialmente blindados, y todos dotados de grandes piezas de artillería forjadas en hierro, y de rápida recarga, granadas de acción retardada, Shrapnels (las primeras bombas-proyectiles de fragmentación antipersonales) y cohetes Congreve.
La principal fortificación argentina se encontraba en la Vuelta de Obligado, donde el río tiene 700 m de ancho, y un recodo pronunciado dificultaba la navegación a vela.
El general Mansilla hizo tender tres gruesas cadenas de costa a costa, sobre 24 lanchones. La operación estuvo a cargo, principalmente, de un italiano inmigrado a la Argentina, de apellido Aliverti.
En la ribera derecha del río montó 4 baterías artilladas con 30 cañones, muchos de ellos de bronce, con calibres de 8, 10 y 12, siendo el mayor de 20, los que eran servidos por una dotación de 160 artilleros.
La primera, denominada Restaurador Rosas, estaba al mando de Álvaro José de Alzogaray[3] , la segunda, General Brown, al mando del teniente de marina Eduardo Brown, hijo del almirante, la tercera era la General Mansilla, comandada por el teniente de artillería Felipe Palacios y la cuarta, de reserva y aguas arriba de las cadenas, se denominó Manuelita y estuvo al mando del teniente coronel Juan Bautista Thorne.[4]
Además, en las trincheras había 2.000 hombres, la mayor parte gauchos asignados a la caballería, al mando del coronel Ramón Rodríguez, jefe del Regimiento de Patricios. También participaron tropas del 2do batallón de Patricios. En el río estaba estacionado un único buque de guerra, el Republicano, que tenía como misión cuidar las cadenas que cruzaban el río.
En las filas argentinas revistaban voluntariamente algunos soldados nacidos en las Islas Británicas; alegaban no estar cometiendo traición alguna, ya que el Reino Unido no había declarado formalmente la guerra a la Confederación Argentina.
Aprovechando el relieve de la costa del Paraná en ese lugar, Mansilla dispuso a gran parte de su tropa en la especie de playa baja ubicada antes de las barrancas que en ese punto tienen casi 20 metros de altura; considerando acertadamente que los invasores anglofranceses atacarían con su artillería primeramente a las baterías argentinas ubicadas en lo alto de tales barrancas, de este modo las tropas argentinas ubicadas en la parte baja podían hostigar la aproximación a las costas de los navíos y hacer frente con mayor eficacia a los desembarcos invasores.
El combate se inició al amanecer del día 20 de noviembre, primeramente con una escaramuza unos pocos kilómetros aguas abajo del río Paraná cuando tres lanchones argentinos que patrullaban al río fueron atacados por la artillería de la flota anglofrancesa; a las 8 de la mañana el vapor inglés al mando de Charles Otham comenzó a cañonear las posiciones argentinas sin mucho efecto pero a las 10:30h (a.m.) la flota invasora reunida, con su diluvio de proyectiles comenzó a tener eficacia: con un intenso cañoneo y fuertes descargas de cohetes sobre las baterías argentinas. Éstas respondieron de inmediato, pero estaban en inferioridad de condiciones, ya que contaban con cañones de mucho menor alcance, mucho menor precisión y notable lentitud de recarga, en comparación a las piezas que poseían los invasores. El intercambio de disparos causó desde un primer momento múltiples bajas en el bando argentino.
A poco de iniciarse el combate, el general Mansilla fue herido de alguna gravedad, por lo que fue reemplazado por el coronel Juan Bautista Thorne en el comando de la artillería, mientras que Rodríguez asumió el mando autónomo de sus fuerzas de caballería. Thorne perdió casi por completo la audición por una explosión de granada muy cercana.
Hacia el medio día los atacantes lograron romper los eslabones que les impedían avanzar sobre la Vuelta de Obligado.
Tras varias horas de combate, fuerzas de infantería — principalmente francesas — desembarcaron en la costa, atacando la batería argentina, que perdió 21 cañones en poder del enemigo. Al no poder transportarlos, fueron inutilizados. Pero cuando pretendieron sostener su posición, las fuerzas desembarcadas fueron atacadas por la caballería de Rodríguez, que las obligó a reembarcarse, un segundo ataque -esta vez de marinos franceses e infantes de marina británicos- fue más eficaz.
Aprovechando la defensa que los argentinos debían hacer de sus piezas de artillería durante el desembarco, las fuerzas atacantes incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas. También se perdió el buque Republicano, que fue volado por su propio comandante ante la imposibilidad de defenderlo.
Las fuerzas defensoras tuvieron 250 muertos y 400 heridos. Los agresores, por su parte, tuvieron 26 muertos y 86 heridos y sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a permanecer casi inmóvil en distintos puntos del Delta del Paraná, para reparaciones de urgencia.
Finalmente, los anglo-franceses consiguieron forzar el paso y continuar hacia el norte, atribuyéndose la victoria.
Contra lo que las fuerzas anglofrancesas esperaban, no lograron concitar la simpatía de la población ribereña, especialmente en las provincias de Santa Fe (que fue defendida por tropas al mando de Pascual Echagüe) y Entre Ríos. En las orillas de ambas provincias, la flota invasora fue nueva y repetidamente atacada, en los combates de Paso del Tonelero (batalla acaecida en territorio del Partido de Ramallo, norte de la Pcia. de Buenos Aires), San Lorenzo y Angostura del Quebracho, tanto de ida como de regreso. En este último combate, en particular, la flota invasora perdió 6 mercantes (2 incendiados por la artillería y cuatro incendiados por sus tripulaciones al encallar) y 2 de sus buques de guerra sufrieron averías de importancia. Los argentinos, por su parte, sólo un muerto y dos heridos. La población civil, al parecer, apoyó firmemente la acción militar de las fuerzas de Lucio Norberto Mansilla y del coronel Martín de Santa Coloma.
En cambio, la flota anglofrancesa logró algunos resultados comerciales en la provincia de Corrientes, que desde hacía varios años permanecía rebelde a la autoridad nacional del general Rosas. Varios de los buques atracaron en los puertos de Goya y Corrientes y en algunos intermedios. Algunas naves continuaron su camino hasta Paraguay, país que también resultaba afectado por el conflicto.
No obstante, el resultado comercial de la campaña fue muy escaso, debido a la pobreza y falta de efectivo en Corrientes y Paraguay. La mayor parte de las mercaderías que portaban quedaron sin colocar. Su costo financiero, después de los daños infligidos por las fuerzas argentinas, se elevó enormemente. Por lo tanto, si bien lograron algunos resultados políticos, los beneficios económicos esperados se trocaron en fuerte quebranto.
Tras varios meses de haber partido, las fuerzas y naves agresoras debieron regresar a Montevideo “diezmados por el hambre, el fuego, el escorbuto y el desaliento”, al decir del historiador argentino José Luis Muñoz Azpirí.
De modo que la victoria anglofrancesa resultó pírrica: tanto la decisión de las fuerzas defensoras, como las complicaciones que imponía — e impone actualmente — el sinuoso cauce del Paraná a la navegación, hacían excesivamente costoso intentar nuevamente la navegación del mismo en contra de la voluntad del gobierno argentino.
La batalla tuvo gran difusión en toda América. Chile y Brasil cambiaron sus sentimientos (que hasta entonces habían sido hostiles a Rosas) y se volcaron, momentáneamente, a la causa de la Confederación. Hasta algunos unitarios (enemigos tradicionales de Rosas) se conmovieron y el coronel Martiniano Chilavert se ofreció a formar parte del ejército de la Confederación.
El general José de San Martín expresó desde Francia a su amigo Tomás Guido:
Esta batalla — pese a ser una derrota táctica — dio como resultado la victoria diplomática y militar de la Confederación Argentina, debido al alto costo que demandó la operación. Implícitamente, la resistencia opuesta por el gobierno argentino, obligó a los invasores a aceptar la soberanía argentina sobre los ríos interiores. Gran Bretaña, con el Tratado Arana-Southern, de 1847, concluyó definitivamente este conflicto y en marzo de ese año ordenó el retiro de su flota. Francia tardó un año más, hasta la firma del Tratado Arana-Lepredour.
Estos tratados reconocían la navegación del río Paraná como una navegación interna de la Confederación Argentina y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos, lo mismo que la del río Uruguay en común con el Estado Oriental.
Históricamente, los federales y nacionalistas argentinos han considerado el combate de la Vuelta de Obligado como el más importante triunfo en la lucha por consolidar y hacer respetar la soberanía de las nuevas repúblicas.
A pedido del historiador José María Rosa el Congreso de la Nación Argentina promulgó la Ley 20.770 por la que el 20 de noviembre se declaró Día de la Soberanía Nacional.
En el Metro de París existe una estación que, hasta los años 50, fue llamada “Vuelta de Obligado”; desde entonces ha sido renombrada como “Argentina“.
La Batalla de la Vuelta de Obligado ha sido recordada en los billetes de 20 pesos argentinos, que en una cara lleva el retrato de Juan Manuel de Rosas y en su reverso una imagen de la Batalla de la Vuelta de Obligado.
El sitio donde estuvo ubicada la batería argentina es hoy un sitio histórico, con monumentos e inscripciones que recuerdan el hecho.
En el cruento Combate de la Vuelta de Obligado, del 20 de noviembre de 1845, el Regimiento de Patricios al mando del coronel Ramón Rodríguez tuvo una actuación tan valerosa que, muchos años más tarde, en 1883, el que fuera jefe en aquella oportunidad de las fuerzas inglesas, almirante J. B. Sullivan, entregó al consulado argentino en Londres una bandera argentina tomada en el combate contra las tropas nativas, con una carta en la que, entre otros conceptos laudatorios, expresaba:
Se sabe que el gaucho Antonio Rivero, héroe de Malvinas, integró las fuerzas patriotas combatiendo a los invasores y algunos autores sostienen que murió valientemente en acción durante esta batalla.
En 1973, el dia 20 de noviembre fue declarado “Día de la Soberanía Nacional” [5] con caracter de feriado optativo, lo que fue abolido durante la dictadura militar. El día 3 de noviembre de 2010 se firmó el decreto 1584 nuevamente declarando el 20 de noviembre como “Día de la Soberanía Nacional”, con carácter de feriado nacional en toda la República Argentina [6] .
El sábado 20 de noviembre de 2010 la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró en el lugar el Monumento a la Batalla de la Vuelta de Obligado o Monumento de la Soberanía, que consta de una escultura en la cual se simula una gran valla circular de eslabones de cadenas iluminada por una llama votiva la base de la valla circular está rodeada por una Estrella Federal es decir roja punzó con ocho puntas, tal gran escultura es obra de Rogelio Polesello y se emplaza en la Reserva Natural en la Vuelta de Obligado que administra el municipio de San Pedro.[7] [8]
Coordenadas:
33°35′31.56″S 59°48′26.73″O / -33.5921, -59.807425 http://conectarigualdad.educativa.com/sitio/