los argentinos nunca supimos copiar una saludable costumbre, una costumbre democrática, de los Estados Unidos, que es la elección del sheriff y el jefe de seguridad por los mismos vecinos de un distrito.
Recientemente, a pesar de la denuncia y la resistencia de organismos de derechos humanos, organizaciones sociales y figuras de la cultura y la política porteñas, el jefe de gobierno Mauricio Macri designó en el cargo de jefe de la Policía Metropolitana al comisario Jorge “Fino” Palacios.
“Palacios -leemos en un informe del Observatorio de DDHH de la Ciudad- es cuestionado por Memoria Activa por encubrimiento comprobado en la investigación del atentado en la AMIA. También está involucrado judicialmente en el asesinato de cinco personas fallecidas como consecuencia de la brutal represión del 20 de diciembre de 2001 en la Ciudad de Buenos Aires (…) Además, se denunció su complicidad con uno de los imputados del secuestro de Axel Blumberg. Y, como si fuera poco, es cuestionado por su turbia relación con la barra brava de Boca Juniors…”
También intervino Palacios, acotamos, en el esclarecimiento y rescate con vida del ingeniero Mauricio Macri -hoy alcalde de la ciudad- en 1991. No resulta disparatado suponer que allí nació la estrecha relación que hoy desemboca, a pesar de las protestas ciudadanas, en su designación.