Alemania prohibió la producción de energía nuclear en su territorio por los riesgos que implican sus residuos, algunos de larga duración, y por la posibilidad de graves explosiones eventuales e improbables pero peligrosas y posibles aun por envejecimiento prematuro de instalaciones añosas o errores humanos, luego de la experiencia Chernobil, pero compra energía de Francia, su país vecino, que tiene centrales nucleares importantes y varias, con el mismo riesgo… para Alemania.
A partir del accidente en Chernobyl (1986), los ecologistas emotivos lograron paralizar la construcción de centrales nucleares hasta hoy en día, cuando hubieran sido la solución para enfrentar con bajo costo humano, el cambio climático y el previo encarecimiento desmesurado del petróleo. Muchas veces el “principismo” arrastra a la buena gente en direcciones históricamente equivocadas.