PARA QUIENES DESEAN DISFRUTAR DE LA NATURALEZA
“El Saladero” (www.elsaladero.com.ar), es una Reserva Natural y Cultural situada en la localidad de Atalaya, Partido de Magdalena, a tan sólo 100 km de la Capital Federal y 50 km de la ciudad de La Plata.
La Reserva cuenta con alrededor de 80 hectáreas de sorprendente diversidad paisajística y biológica y en el 2009 hemos abierto sus tranqueras al público interesado.
“El Saladero” ofrece una alternativa para los amantes de lo agreste, de la vida en refugios, del senderismo y del paisaje no antropizado. Algunos vagones-cabañas y parcelas naturales para acampe, inmersas en la espesura del monte nativo, posibilitan una respetuosa estadía en tranquilidad y naturaleza.
Con la idea de iniciar la difusión de la Reserva les ofrecemos, hasta el inicio de Semana Santa, la alternativa de una PROMOCIÓN LANZAMIENTO al 70% del valor vigente.
Consúltenos a los teléfonos que figuran al pie o bien por correo electrónico.
Si Usted desarrolla actividades grupales posibles de ser realizadas en la Reserva tales como Reiki, Tai-Chi, Yoga, Fotografía, Senderismo, Campamentismo, Canotaje, Talleres de Escritura, Reflexión o Filosofía, Encuentros Terapéuticos, Retiros Espirituales, Terapias Alternativas, etc. pueden ponerse en contacto con nosotros a través de nuestros teléfonos o e-mails.
Recuerden que en www.elsaladero.com.ar podrán encontrar más información acerca de las características y posibilidades del lugar, así como nuestros datos para solicitarnos los valores de las jornadas con o sin pernocte, consultarnos sus dudas, acordar visitas y, desde ya, para recibir sus sugerencias y apreciaciones.
Verónica Morvillo
RESERVA NATURAL Y CULTURAL “EL SALADERO”
Programa de Reservas Privadas de la Fundación Azara
Atalaya – Magdalena – Pcia. de Bs. As.
Tel.: (02221) 491153/ Cel.: (02223) 15 460 850
vmorvillo@gmail.com / info@elsaladero.com.ar
www.elsaladero.com.ar
A mediados del siglo XVII las visitas frecuentes a las costas del Río de La Plata de piratas, bucaneros y filibusteros ingleses, holandeses y franceses, impulsaron al Gobernador José Martínez de Salazar para que por Cédula del 16 de Marzo de 1663, diera la orden de “…… erigir un fuerte en el puerto de Buenos Ayres y levantarse torres en la costa que sirviesen de atalaya para descubrir los bajeles enemigos…”
El pueblo vivía sus tiempos de esplendor hasta que en 1904 la instalación en Berisso de la primera industria de congelado y enfriado de carnes, “La Plata Cold Storage Company” de capital Británico, comenzó a debilitar la fuerte industria saladeril. Posteriormente, en 1907, la firma norteamericana Swift and Company compró el control del frigorífico británico constituyéndose en Swift and Co. La Plata y en 1909 la National Packing Company, un conglomerado de las firmas norteamericanas Swift, Morris y Armour, consolida la industria frigorífica en la Argentina. Hacia 1926 se produce el cierre definitivo de los saladeros y Atalaya vuelve a sumirse lentamente en el olvido.

Ahora apasible Atalaya.
Hoy Atalaya renace y se devela en la mirada de quien conoce su historia. Sus antiguas edificaciones, la rambla, el agreste balneario, sus carnavales y la serenidad de su gente son testimonio vivo de sus tradiciones y cultura.
En 1735 el Gobernador Miguel de Salcedo, por temor a una invasión externa luego del ataque portugués a la Colonia del Sacramento, dio a la guarnición de Atalaya carácter definitivo de “Guardia Fluvial y Terrestre”.
En un momento incierto entre estas dos fechas (1663 y 1735) se estableció la Guardia de Atalaya. Conformada por gauchos y Blandengues tuvo, desde sus orígenes, carácter exclusivamente militar y su principal misión consistía en la vigilancia del contrabando con la Banda Oriental y, en menor medida, en el aviso y la protección frente a los malones.
Las características hidrográficas de la costa y del arroyo hicieron de Atalaya un puerto natural, figurando en diversas cartas náuticas españolas, francesas, inglesas y portuguesas desde principios de 1700 y para 1807 la guardia atalayense figuraba como un punto estratégico en las cartas hidrográficas de Félix de Azara.
En 1825 el Imperio del Brasil declara la guerra a la Provincias Unidas del Río de la Plata y el 24 de agosto de 1826 se produce, en la costa Magdalenense, el desembarco de 65 brasileños armados con sables y fusiles. La antigua Guardia de Atalaya, conformada por sólo 25 gauchos de a caballo armados con lanzas, boleadoras y algunos sables, libró combate contra las fuerzas imperiales logrando su retirada.
Finalizada la guerra con el Brasil, el 9 de mayo de 1832 buques de guerra franceses y una fuerza de desembarco de 600 hombres atacaron, con fuego de artillería e infantería, el puerto de Atalaya. El enfrentamiento con la guardia local de gauchos y Blandengues, denominado posteriormente “Combate del Sauce”, culminó con la retirada de los franceses.
Luego de este período de esplendor e importancia militar el puerto de Atalaya se sumergió en el olvido hasta que en 1871 el asentamiento de los saladeros lo rescató del ostracismo.
Los Saladeros
La prohibición del establecimiento de saladeros y graserías en la ciudad de Buenos Aires en 1871, como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla, obligó a la industria saladeril a buscar las condiciones propicias para su desarrollo fuera de la ciudad. Para la radicación de estas industrias resultaba indispensable una zona no inundable con disponibilidad de agua dulce, cercanía de un puerto, facilidad para el transporte de cargas y para el buen aprovisionamiento de la materia prima. Para ese entonces, la ribera magdalenense ya había despertado el interés de los ingleses y en 1871 los Sres. Isidoro Silges y Octavio Ferrando, basados en los trabajos cartográficos realizados en la zona por los ingleses, instalaron en Atalaya el primero de los seis saladeros que harían de Atalaya un pueblo activo y promisorio. En 1872 se instala el saladero “El Uno” de Lázzaro Repetto y Cia., en 1875 el saladero de Palazzi y Cia y, situado en la margen izquierda del Arroyo Atalaya, el saladero Podestá Hnos.
El pueblo vivía sus tiempos de esplendor hasta que en 1904 la instalación en Berisso de la primera industria de congelado y enfriado de carnes, “La Plata Cold Storage Company” de capital Británico, comenzó a debilitar la fuerte industria saladeril. Posteriormente, en 1907, la firma norteamericana Swift and Company compró el control del frigorífico británico constituyéndose en Swift and Co. La Plata y en 1909 la National Packing Company, un conglomerado de las firmas norteamericanas Swift, Morris y Armour, consolida la industria frigorífica en la Argentina. Hacia 1926 se produce el cierre definitivo de los saladeros y Atalaya vuelve a sumirse lentamente en el olvido.
Hoy Atalaya renace y se devela en la mirada de quien conoce su historia. Sus antiguas edificaciones, la rambla, el agreste balneario, sus carnavales y la serenidad de su gente son testimonio vivo de sus tradiciones y cultura.
Miércoles, agosto 18, 2010 en 8:21 pm |
Conoci ATALAYA de chico, conoci el ultimo tren, conoci al ultimo jefe de estacion Don ARAUJO, era muy amigo de su hijo CARLITOS, el pescador LUJAN el cartero SANCINENA, la fabrica de bloques de conchilla, el almacen de GIULIDORI el almacen de ALBA con su surtidor tipo marciano, en fin pasa por mi recuerdo como una pelicula de esas que se quieren volver a ver, hace mas de 45 años que no piso ese suelo, pero esta internet me hizo ver la vieja estacion y el cartel y quiero volver, quiero saber si tengo algun lugar para hospedarme por fin de semana, si alguien me puede contestar mis recuerdos de pibe se los van a agradecer,-