Para tener en cuenta.
Las pilas comunes o alcalinas con la certificación del INTI, incluyendo a todas las de marcas reconocidas, se pueden tirar a la basura. Desde 1993 no tienen mercurio incorporado. No se pueden tirar las que no están certificadas, generalmente de origen dudoso que se venden a muy bajo precio; las tipo botón que se usan, por ejemplo, en relojes, y las recargables, incluidas las de teléfonos celulares.
“Hay una gran cantidad de pilas que ya pueden ir a la basura común -afirma Graciela Gerola, presidenta de la Agencia de Control Ambiental porteña-. Pero como es difícil que las personas puedan determinar cuáles se pueden tirar y cuáles no, a mediados de noviembre vamos a lanzar una campaña y el Gobierno porteño se va a hacer cargo de todas”.
Los vecinos podrán disponer de sus pilas y baterías agotadas en los 15 CGPC, donde habrá contenedores diferenciados para tres tipos de pilas y baterías. Uno será para las comunes, de cualquier origen, tamaño o material (carbón, cinc, manganeso y litio, entre otros), otro para las botón (de óxido de mercurio, zinc-aire u óxido de plata), y el tercero para las recargables (de ion-litio, níquel-metal hidruro o níquel-cadmio). La Agencia de Protección Ambiental las volverá a seleccionar para destinarlas a distintos tratamientos. “Estamos evaluando si irán a un relleno de seguridad, a su incineración en condiciones controladas o a un calentamiento indirecto para recuperar metales”, detalla Gerola.
La funcionaria explica: “Como no sabía de qué forma disponer de sus pilas, hay gente que las juntó durante años. No sabemos cuántas puede haber guardadas en las casas. Si las tiraran todas juntas, el riesgo es que los residuos peligrosos pasen a las napas”.
El 1° de febrero, la Agencia dejará de recibir pilas y baterías recargables y, según la flamante resolución, empezarán a hacerlo las empresas que las importan o distribuyen. A partir de la publicación de la norma en el Boletín Oficial, las empresas tendrán 30 días hábiles para presentar sus planes de gestión. Entre otras cosas, deberán fijar al menos diez puntos de recolección en toda la Ciudad.
“La industria está de acuerdo con la disposición -dice Alejandro Strunz, apoderado de Energizer-. En principio, vamos a estudiar si hay plantas locales con la tecnología para reciclar pilas y baterías recargables. Si no, se van a exportar para reciclarlas en plantas extranjeras. Además de un beneficio ambiental, habrá otro económico, porque se van a recuperar materiales muy costosos, como el cadmio o el cobalto. Disponerlos en un relleno es como enterrar dinero”.
Si los responsables no se ocupan de la gestión de sus pilas recargables, lo hará el Gobierno porteño, pero los costos serán transferidos a las empresas. Desde 2010, el Ejecutivo también dejará de recibir las pilas no recargables. A partir de entonces, ya no se podrán vender las que contienen niveles peligrosos de tóxicos y todas se podrán tirar sin riesgo de contaminar.