Esperamos los resultados de la investigación policial. Mientras se realiza toda clase de conjeturas. Cómo unos chicos mataron a una niña de 2 años por asfixia (ahorcamiento). La violencia que implica este cuadro, rebela.
Revela que algo estamos haciendo mal también en Argentina. Los cuadros de violencia pasan de la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que pareciera ser lo único que se puede llamar autónomo, al Congreso Nacional, la política o la TV y sucesivamente a distintos estamentos de la sociedad, con seria, amplia y profunda reperscusión en su parte más sensible, que son los jóvenes.
Llama a pensar en las tantas oportunidades que se denunció la violencia extrema en las películas de TV, que si no tienen sexo, trompadas y varias explosiones, asesinatos o patadas a la cabeza, no parecerían merecer la permanencia en pantalla, tanto en cines como en TV.
El éxito del cuasi ridículo asesino refinado inglés James Bond pirata de guante blanco que durante años tanto nos atrajo, parece haber exacerbado la mente imitadora de los genios de la industria cinematográfica, pero no precisamente su imaginación artística. Ahora son de esa clase de gente que muy lejos del séptimo arte, piensan principalmente con el bolsillo.
Una pócima especial pareciera que debe untar las películas para que las acepten nuestros decisores de qué es lo que se verá en los cines de Argentina, esto es una Barbaridad, pero la clave es evidente: deben tener bastante escenas de sexo explícito, mucho más allá de los amorosos besos románticos que antaño nos entretenían, hoy se deben ver lengüetazos, apretujones, revolcones y manoseos, cuando no atropellos, violaciones o avances con sórdidas presiones. Con frecuencia muestran las virtudes de la drogadicción y fumar es la menor de las adicciones que muestran. La bandera de quien nos USA flamea siempre en algún sector del film. Las expresiones de los deslucidos personajes, en ámbitos de ensueño que huele a perdición, hampa, sobreprecios, lavado y otros dineros mal habidos y de los casi siempre muy atractivos actores, con los que la masa NOS identificamos, que ya no son los héroes salvadores, sino ganadores que han robado, sido cómplices y se han salvado de maneras muy poco ortodoxas, que se muestran como panegírico a imitar, que también deberían tenerse en cuenta.
No se trata hoy de imponer ya manejos moralistas ni cernidores santurrones, sino de lograr poder elegir de verdad libremente, comenzando desde las autoridades que para eso cobran, lo que verán nuestros jóvenes, niños, adolescentes, vírgenes e ignorantes teleespectadores, dejando a quienes van al cine o a alquilar al video, en otra categoría, ya que allí se puede elegir mejor, o hay un cernidor que está más al alcance de los padres.
Pero a veces los padres son hijos de la misma des-selección.
Por eso apelamos a una ley de radiodifusión, que esperamos será completa, esmerada, y pensada para la gente, no influida en lo posible por empresarios que piensan con el bolsillo, porque más allá del atractivo que para ellos tiene la taquilla facturadora, y del derecho a la libertad de poder elegir y ver todo lo que uno mismo decida, sin limitaciones, está el bienestar general, el derecho a una formación sana, y la reserva de la sociedad en salvaguarda de la salud mental, no tanto moral pero sí social de los más jóvenes, a los que hay que preservar por su corta edad e inexperiencia, de lo que deben o no ver a temprana edad, como se debe impedir a un niño cruzar la calle cuando no está aun preparado para ver que lo podría atropellar un vehículo cuya velocidad sobrepasase su capacidad de reacción y discernimiento. Más allá de su absoluto respeto por su libertad de circular libremente…
Sin el menor ánimo de poner límites la libertad absoluta de lo que se pueda ver, pero con la idea de proponer orientar, poner edades y filtros o advertencias para que la sociedad esté protegida para su propio bien de su propia violencia actual.
La realidad es que lo que hicimos, que fue confiar en el mercado, en las empresas promotoras, en la capacidad de las personas de elegir, no dio un buen resultado, porque hay quienes digitaron las propuestas, impusieron los paquetes que se ofrecen a la venta, por lo que la composición de la oferta rige la composición de la demanda, como se sigue haciendo con la propaganda en cada una de las votaciones que creemos que son “libres”, y eso debe corregirse, con sumo cuidado, en beneficio de la comunidad.
Ayúdennos a pensar y realizar las propuestas adecuadas para una moderna ley de radiodifusión. El comportamiento social, se sabe, se ve refeljado en las pantallas. ¿Es esa la ley de la vida? No, es el efecto archiconocido de la publicidad, el efecto mágico especial de influencia que produce en la capacidad “de elección” de los “hombres libres”.
Pablo Luis Caballero.
Pablo Padrón.
Mónica González.
FILATINA.